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El coste fijo es aquel gasto qué la empresa soporta con independencia del volumen de producción o de ventas alcanzado en un periodo, al menos dentro de un rango de actividad y en el corto plazo: el alquiler de las instalaciones, los salarios del personal de estructura, las primas de seguros o las amortizaciones de activos fijos son ejemplos habituales. Estos costes son la base del cálculo del punto muerto o umbral de rentabilidad, el nivel de ventas a partir del cual la empresa empieza a obtener beneficio, y determinan el grado de apalancamiento operativo del negocio: cuanto mayor sea el peso de los costes fijos sobre el total, más sensible será el beneficio de la empresa ante variaciones en el volumen de ventas.
Son los gastos qué tienes qué pagar tanto si vendes mucho como si vendes poco: el alquiler del local, la cuota fija de suministros, los sueldos del personal administrativo. No dependen de cuánto produzcas o factures ese mes, y por eso son los qué más aprietan cuando las ventas bajan, porque siguen ahí aunque no entre dinero suficiente para cubrirlos.
Un restaurante paga el mismo alquiler y los mismos sueldos del equipo de sala tanto en un mes con muchas reservas como en uno más flojo, así qué necesita calcular cuántos cubiertos mínimos debe servir cada mes para cubrir esos costes fijos antes de empezar a generar beneficio real (su punto muerto). Reducir el peso de los costes fijos, por ejemplo externalizando parte del personal o negociando un alquiler variable ligado a facturación, disminuye el riesgo del negocio en los meses de menor actividad.
Sí, un coste fijo no es inmutable en el tiempo: puede subir por renovación de contratos de alquiler, incrementos salariales o nuevas pólizas de seguro, aunque en el corto plazo no dependa del volumen de actividad.
El punto muerto se calcula dividiendo los costes fijos totales entre el margen de contribución unitario (precio de venta menos coste variable por unidad); cuanto mayores sean los costes fijos, más unidades habrá qué vender para empezar a obtener beneficio.
Depende: en fases de crecimiento estable con ventas predecibles, unos costes fijos altos pueden aportar economías de escala y mejor margen por unidad adicional vendida, pero en sectores con ventas volátiles aumentan el riesgo de pérdidas cuando la demanda cae.