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El ratio de liquidez es el indicador financiero que mide la capacidad de una empresa para hacer frente a sus obligaciones de pago a corto plazo con sus activos corrientes. El más habitual, el ratio de liquidez general o corriente, se calcula dividiendo el activo corriente entre el pasivo corriente. Un valor superior a uno indica que la empresa dispone de más activos líquidos y realizables a corto plazo que deudas exigibles en ese periodo. Existen variantes más exigentes, como el test ácido, que excluye las existencias. Es esencial para evaluar la solvencia a corto plazo.
El ratio de liquidez responde a una pregunta muy práctica: ¿puede la empresa pagar lo que debe en los próximos meses con lo que tiene a mano? Compara sus activos que se convierten pronto en dinero (tesorería, cobros de clientes, existencias) con las deudas que vencen pronto. Si tiene más de lo primero que de lo segundo, va holgada; si no, puede tener problemas de tesorería aunque el negocio sea rentable. Es uno de los primeros números que miran bancos y proveedores para fiarse de una empresa.
Un proveedor de Sevilla, antes de conceder aplazamiento de pago a un nuevo cliente, analizó su liquidez. La empresa cliente tenía un activo corriente de 300.000 € (tesorería, clientes y existencias) y un pasivo corriente de 200.000 € (proveedores y deudas a corto plazo). El ratio de liquidez general era 300.000 / 200.000 = 1,5, lo que indicaba que por cada euro de deuda a corto plazo disponía de 1,5 euros de activos líquidos o realizables. Al calcular el test ácido, excluyendo las existencias, el ratio bajaba a 1,1, todavía por encima de uno. El proveedor concluyó que el cliente tenía una liquidez razonable y le concedió el aplazamiento con cierta tranquilidad.
El ratio de liquidez general (activo corriente / pasivo corriente) suele considerarse saludable en torno a 1,5, aunque depende del sector. El test ácido o prueba ácida ((activo corriente − existencias) / pasivo corriente) es más estricto, pues las existencias no siempre se convierten en dinero con rapidez. El ratio de tesorería, aún más exigente, considera solo el disponible y las inversiones financieras líquidas. Un ratio muy alto puede indicar recursos ociosos mal aprovechados, mientras que uno bajo alerta de posibles tensiones de tesorería. Se analiza junto al fondo de maniobra y a los periodos medios de cobro y pago.
Un error frecuente es confiar solo en el ratio general sin depurar las existencias de difícil venta, que pueden inflar la liquidez aparente. Otro fallo es interpretar que más liquidez siempre es mejor: un exceso puede señalar activos improductivos. También se confunde liquidez con rentabilidad o con solvencia a largo plazo: una empresa rentable puede tener problemas de liquidez, y viceversa.
El ratio de liquidez no está regulado por una norma jurídica, sino que es una herramienta del análisis financiero de estados contables. Se calcula a partir del balance elaborado conforme al Plan General de Contabilidad (Real Decreto 1514/2007) y se emplea en el análisis del riesgo de crédito y de la solvencia a corto plazo.
El ratio de liquidez general se obtiene dividiendo el activo corriente (tesorería, clientes, existencias e inversiones a corto plazo) entre el pasivo corriente (deudas y obligaciones exigibles a corto plazo), midiendo cuántos euros líquidos hay por cada euro de deuda a corto.
Suele considerarse saludable un ratio general en torno a 1,5, aunque el valor idóneo depende del sector. Por debajo de 1 puede haber tensiones de tesorería, y muy por encima puede indicar recursos ociosos que no se están aprovechando de forma productiva.
Es un ratio de liquidez más exigente que excluye las existencias del activo corriente, ya que estas no siempre se convierten en dinero con rapidez. Se calcula dividiendo el activo corriente menos existencias entre el pasivo corriente.
No. La liquidez mide la capacidad de pagar las deudas a corto plazo con los activos corrientes. La solvencia se refiere a la capacidad de atender todas las obligaciones, incluidas las de largo plazo, con el conjunto de los activos de la empresa.
No necesariamente. Un ratio muy elevado indica gran capacidad de pago a corto plazo, pero también puede reflejar un exceso de tesorería o de existencias ociosas que la empresa no está invirtiendo de forma rentable, restando eficiencia a sus recursos.