Un almacén es una instalación destinada a recibir, custodiar, preparar y expedir mercancías dentro de la cadena de suministro, actuando como punto de conexión entre la producción y la distribución final. Su función incluye la recepción y control de calidad de la mercancía entrante, la ubicación en estanterías o zonas de picking, la preparación de pedidos y la expedición.
El diseño y la gestión de un almacén —su layout, la distribución de pasillos, zonas de picking y muelles de carga— determinan la eficiencia de toda la operación logística. Existen distintos tipos: almacenes centrales, reguladores, de tránsito o de distribución, así como almacenes automatizados con transelevadores y sistemas de gestión de almacén (WMS).
Un almacén bien gestionado aplica indicadores como la rotación de inventario o el índice de llenado, y organiza la mercancía según criterios como el análisis ABC, que prioriza la ubicación de los productos de mayor rotación en las zonas de acceso más rápido, reduciendo tiempos de preparación y costes operativos.
Un almacén es un edificio donde se guardan los productos antes de enviarlos a las tiendas o a los clientes, y donde se preparan los pedidos para su envío.
Para mejorar la eficiencia de un almacén conviene organizar la mercancía según su rotación, definir rutas de picking claras, y apoyarse en un sistema de gestión de almacén (WMS) que controle en tiempo real las ubicaciones y el stock disponible.
El almacén se centra en el almacenamiento y la custodia, mientras que el centro de distribución prioriza la rapidez de expedición sobre el almacenamiento prolongado.
Es un sistema de gestión de almacén que controla digitalmente la ubicación, el movimiento y el nivel de stock de la mercancía.
Es una clasificación de los productos según su rotación: los artículos A se ubican en las zonas más accesibles y los C, de menor rotación, en zonas menos prioritarias.