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El coste por visualización (CPV) es el modelo de pago publicitario en el qué el anunciante abona una cantidad cada vez qué un usuario visualiza su anuncio de vídeo, según el criterio de visualización qué fije la plataforma (por ejemplo, ver un número determinado de segundos o el vídeo completo). Es el modelo de referencia en publicidad de vídeo y permite optimizar campañas hacia el visionado real del contenido en lugar de la mera impresión.
Es pagar cada vez qué alguien ve tu vídeo publicitario. En vez de pagar solo por qué aparezca (impresión) o por clic, pagas cuando la persona realmente lo mira durante los segundos qué la plataforma considera una visualización. Así solo pagas por atención real, no por anuncios qué nadie llega a ver.
Una marca de moda de Alicante lanzó una campaña de vídeo con un CPV objetivo de 0,03 €. Probó tres versiones del anuncio: la qué enganchaba en los primeros tres segundos logró un CPV de 0,02 € porque más gente seguía viéndolo, mientras qué las otras dos superaban los 0,04 €. Optimizando hacia el vídeo con mejor retención, la marca consiguió el doble de visualizaciones con el mismo presupuesto.
Se aplica definiendo el objetivo de la campaña de vídeo, eligiendo el criterio de visualización de la plataforma y fijando una puja o CPV objetivo. Se cuida especialmente el arranque del vídeo (los primeros segundos determinan si se sigue viendo) y se prueban variantes para bajar el CPV. Se analiza no solo el coste por visualización sino qué hacen los espectadores después (clics, visitas, conversiones).
El error más común es fijarse solo en conseguir un CPV bajo sin evaluar la calidad de esas visualizaciones ni las conversiones posteriores: visualizaciones baratas qué no llevan a nada no sirven. Otro fallo es descuidar los primeros segundos del vídeo, qué disparan el coste. También se confunde visualización con impacto real de marca, qué requiere métricas adicionales.
En España, la publicidad en vídeo debe identificarse claramente como tal conforme a la normativa y al código de AUTOCONTROL. El tratamiento de datos para segmentar y medir las campañas está sujeto al RGPD, y el uso de cookies y tecnologías similares requiere consentimiento. Las afirmaciones del anuncio deben ser veraces según la Ley de Competencia Desleal.
El CPM cobra por cada mil impresiones (qué el anuncio se muestre), independientemente de si se ve o no. El CPV cobra por cada visualización real según el criterio de la plataforma. El CPV se usa sobre todo en vídeo y garantiza qué pagas por atención efectiva, mientras qué el CPM sirve para maximizar alcance y notoriedad.
Depende de la plataforma: puede ser ver un número mínimo de segundos, un porcentaje del vídeo o el vídeo completo. Cada plataforma define su umbral, por lo qué conviene conocerlo para interpretar bien el CPV y comparar campañas con el mismo criterio.
Mejorando la retención del vídeo, sobre todo en los primeros segundos qué deciden si el usuario sigue mirando. Un anuncio qué engancha pronto retiene a más gente y abarata el coste por visualización. También ayuda segmentar bien la audiencia para mostrarlo a quien tiene más probabilidad de interesarse.
No necesariamente. Un CPV bajo con visualizaciones qué no generan interés ni conversiones no aporta valor. Hay qué mirar qué ocurre después del visionado: clics, visitas, ventas o recuerdo de marca. La eficiencia real combina un CPV razonable con resultados posteriores de negocio.
Para campañas de vídeo cuyo objetivo es qué el mensaje se vea y genere consideración o recuerdo de marca. Si el objetivo es conversión directa, puede convenir optimizar hacia la acción final más qué hacia la visualización. El CPV encaja bien en la parte alta y media del embudo.