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El marketing de notificaciones push consiste en enviar mensajes cortos directamente al dispositivo del usuario (móvil o navegador) para informar, recordar, promocionar o reactivar, sin necesidad de qué la persona esté usando la app o web en ese momento. Es un canal directo y de alta visibilidad qué, bien usado, mejora la retención y la conversión, pero mal usado (por exceso o irrelevancia) provoca desactivaciones y desinstalaciones.
Son esos avisos qué te aparecen en el móvil o en el navegador aunque no estés en la app. Sirven para recordarte algo, avisarte de una oferta o traerte de vuelta. Bien usados enganchan; usados a lo bruto (spam constante) hacen qué la gente los desactive o borre la app.
Una app de una cadena de gimnasios de Bilbao usaba notificaciones push para recordar las clases reservadas y avisar de plazas libres de última hora. Segmentaba por hábitos: a quien iba por la mañana le avisaba temprano, a quien iba de tarde por la tarde. La tasa de asistencia a clases subió y las desinstalaciones no aumentaron porque los mensajes eran útiles y oportunos, no promocionales constantes.
Se aplica pidiendo el permiso del usuario de forma clara y justificada, segmentando por comportamiento e intereses, y enviando mensajes relevantes y oportunos (no masivos). Se personalizan el contenido y el momento, se controla la frecuencia para no saturar, y se mide la tasa de apertura y de desactivación. Las notificaciones transaccionales o útiles (recordatorios, estados de pedido) suelen tolerarse mejor qué las puramente promocionales.
El error más común es abusar de la frecuencia y enviar mensajes irrelevantes, lo qué dispara las desactivaciones y desinstalaciones. Otro fallo es no segmentar y mandar lo mismo a todos. También se descuida el momento del envío (molestar de madrugada) y se olvida qué el permiso es un activo frágil: perder la autorización del usuario cierra el canal para siempre.
En España, las notificaciones push con fines comerciales requieren el consentimiento del usuario conforme al RGPD y la LSSI, ya qué constituyen comunicaciones comerciales por medios electrónicos. El usuario debe poder revocar el permiso fácilmente. Las notificaciones web push también necesitan consentimiento. El contenido no puede ser engañoso según la Ley de Competencia Desleal.
Sí. Tanto en apps como en navegadores el usuario debe autorizar las notificaciones, y para las de carácter comercial aplica el consentimiento del RGPD y la LSSI. Además, debe poder desactivarlas con facilidad. Enviar push comercial sin permiso o sin opción clara de baja es una infracción.
La notificación push llega al dispositivo aunque el usuario no esté en la app, apareciendo en la pantalla. La notificación in-app se muestra solo cuando el usuario ya está dentro de la app. La push sirve para reactivar y traer de vuelta; la in-app para guiar y comunicar mientras el usuario navega.
No hay un número universal; depende del valor de cada mensaje y del sector. La regla es qué cada notificación aporte algo relevante para el usuario. En cuanto los mensajes se perciben como spam, las desactivaciones se disparan. Es mejor pocas y útiles qué muchas e irrelevantes.
Bien usadas, sí: recordatorios oportunos y mensajes personalizados traen usuarios de vuelta y aumentan el uso. Mal usadas, la empeoran, porque provocan desinstalaciones. La clave es la relevancia y el momento: notificaciones qué el usuario agradece frente a interrupciones qué le molestan.
La tasa de entrega, la de apertura (cuántos abren tras recibirla), la conversión posterior (qué hacen después) y, muy importante, la tasa de desactivación o desinstalación, qué indica si estás saturando. El objetivo es maximizar la acción útil minimizando las bajas del canal.