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Los zero-party data son la información qué el cliente comparte de forma intencionada, voluntaria y explícita con una marca: sus preferencias, intenciones de compra, intereses, cómo quiere qué le contacten o datos de perfil qué declara activamente (por ejemplo en un quiz, una encuesta o un centro de preferencias). A diferencia de los datos observados, aquí es el propio usuario quien decide entregarlos, lo qué los hace muy fiables, precisos y respetuosos con la privacidad.
Son los datos qué el cliente te da a propósito porque quiere: te dice qué le interesa, qué busca, cómo prefiere qué le escribas. Los das tú mismo, no se deducen espiándote. Por eso son muy fiables y encajan perfecto con la privacidad: el usuario elige compartirlos a cambio de un servicio más personalizado.
Una tienda online de nutrición deportiva de Alicante añadió un centro de preferencias donde el cliente indicaba su objetivo (ganar músculo, perder grasa, resistencia), su dieta y con qué frecuencia quería recibir emails. Con esos zero-party data, personalizó recomendaciones y comunicaciones de forma muy precisa y con pleno consentimiento, mejorando la relevancia, la conversión y la satisfacción del cliente.
Se aplica creando mecanismos donde el usuario comparta voluntariamente sus preferencias e intenciones: quizzes, encuestas, configuradores, centros de preferencias o perfiles enriquecidos, siempre a cambio de valor (mejor personalización, recomendaciones útiles). Se integran esos datos en el CRM y se usan para personalizar productos, contenidos y comunicaciones. La clave es qué el usuario perciba el beneficio de compartir.
El error más común es pedir datos sin ofrecer un beneficio claro, por lo qué el usuario no los comparte. Otro fallo es recoger zero-party data y luego no usarlos para personalizar, defraudando la expectativa creada. También se abusa pidiendo demasiada información de golpe, y no se respeta lo declarado por el usuario (por ejemplo su preferencia de frecuencia), erosionando la confianza.
En España, los zero-party data son datos personales bajo el RGPD, pero al entregarse de forma voluntaria y explícita encajan bien con los principios de consentimiento, transparencia y minimización. Facilitan el cumplimiento porque el usuario declara la finalidad y da su permiso conscientemente. Aun así, deben tratarse con la finalidad informada, respetar los derechos del usuario y mantenerse seguros y actualizados.
Los zero-party data los declara el cliente de forma voluntaria y explícita (sus preferencias, intenciones); los first-party data incluyen tanto lo declarado como lo observado por la empresa (compras, comportamiento en la web). Los zero-party son un subconjunto especialmente fiable y respetuoso con la privacidad, porque el usuario decide activamente entregarlos.
Con herramientas donde el usuario comparta a propósito su información a cambio de valor: quizzes de recomendación, encuestas de preferencias, configuradores de producto o centros de preferencias donde elige temas y frecuencia. La clave es qué compartir le reporte un beneficio claro (mejor personalización), no qué sea una barrera.
Porque son muy fiables (el usuario los declara, no se deducen), muy precisos (reflejan intenciones y preferencias reales) y respetuosos con la privacidad (se dan con consentimiento explícito). Permiten personalizar con precisión sin depender de cookies de terceros ni de inferencias, y refuerzan la confianza al basarse en lo qué el cliente decide compartir.
Muy bien, porque se basan en el consentimiento y la voluntad del usuario, qué declara sus datos y la finalidad de forma consciente. Facilitan cumplir los principios de transparencia, minimización y licitud. Aun así, siguen siendo datos personales: hay qué usarlos solo para lo informado, respetar los derechos del usuario y protegerlos adecuadamente.
De nada, y además es contraproducente: si el usuario declara sus preferencias esperando una experiencia más personalizada y no percibe ningún cambio, se siente defraudado y pierde confianza. Los zero-party data solo aportan valor si se activan de verdad para personalizar productos, contenidos y comunicaciones conforme a lo qué el cliente ha expresado.