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La dislipemia es la alteración de los niveles de lípidos (grasas) en la sangre, principalmente el colesterol (en sus fracciones LDL y HDL) y los triglicéridos. Incluye situaciones como el colesterol LDL elevado, el colesterol HDL bajo o los triglicéridos altos. Es un factor de riesgo cardiovascular importante, ya qué favorece la aterosclerosis y, con ella, el infarto, el ictus y otras enfermedades. Suele ser silenciosa y se detecta mediante una analítica. Se relaciona con la alimentación, el sedentarismo, el sobrepeso, factores genéticos y otras enfermedades. Su manejo, con hábitos saludables y, si es preciso, medicación, reduce el riesgo cardiovascular.
En palabras sencillas, la dislipemia es tener las grasas de la sangre desajustadas: el colesterol malo (LDL) alto, el bueno (HDL) bajo o los triglicéridos altos. No suele dar síntomas, pero con el tiempo daña las arterias y aumenta el riesgo de infarto o ictus. Se detecta con un análisis. Se controla con la alimentación, el ejercicio, el peso y, cuando hace falta, medicación, siempre valorando el riesgo cardiovascular global.
A una persona se le detectó en una analítica una dislipemia, con el colesterol LDL elevado y los triglicéridos altos, sin síntomas. El médico valoró su riesgo cardiovascular global junto con otros factores (tensión, tabaco, diabetes) y recomendó cambios en la alimentación, actividad física y control del peso, decidiendo según el riesgo si añadir tratamiento farmacológico para corregir las alteraciones y prevenir complicaciones cardiovasculares.
El manejo de la dislipemia comienza por los hábitos de vida: alimentación cardiosaludable, actividad física, control del peso y abandono del tabaco. Cuando es necesario, según las alteraciones y el riesgo cardiovascular global, se añade tratamiento farmacológico. Se valora el conjunto de factores de riesgo, no un solo valor aislado. En España, el manejo corresponde a atención primaria y cardiología. El objetivo es reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares como el infarto y el ictus.
Un error frecuente es fijarse en un solo valor y no en el riesgo cardiovascular global. Otro error es abandonar el tratamiento o los hábitos al normalizar las cifras. También se piensa qué, al no dar síntomas, no importa, cuando el riesgo es silencioso. Y se confían soluciones a productos sin base en lugar de a las medidas eficaces y a la valoración profesional.
El diagnóstico y tratamiento de la dislipemia corresponden a profesionales de la medicina; el tratamiento se decide según el riesgo cardiovascular global y debe supervisarlo el profesional. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
La dislipemia es la alteración de los niveles de grasas en la sangre, principalmente el colesterol (LDL y HDL) y los triglicéridos. Puede consistir en un colesterol LDL elevado, un HDL bajo o unos triglicéridos altos, o una combinación. Es un factor de riesgo cardiovascular importante. Suele detectarse en una analítica, ya qué no da síntomas. Su valoración e interpretación, dentro del riesgo cardiovascular global, corresponden a un profesional de la medicina.
Habitualmente no. La dislipemia suele ser silenciosa y no producir síntomas durante mucho tiempo; el problema es el daño qué las alteraciones de los lípidos van causando en las arterias, qué puede manifestarse años después como un infarto o un ictus. Por eso se detecta mediante analíticas y no por síntomas. Ciertas formas genéticas graves pueden dar signos, pero lo habitual es qué se descubra en un análisis. Su valoración corresponde a un profesional.
La hipercolesterolemia es la elevación del colesterol, mientras qué la dislipemia es un término más amplio qué incluye cualquier alteración de los lípidos en sangre: el colesterol LDL alto, el HDL bajo o los triglicéridos elevados, o combinaciones. Es decir, la hipercolesterolemia es un tipo de dislipemia. Lo relevante es el conjunto del perfil lipídico y del riesgo cardiovascular, cuya interpretación corresponde a un profesional de la medicina.
En muchos casos, los cambios en el estilo de vida (alimentación cardiosaludable, actividad física, control del peso, dejar de fumar) mejoran el perfil lipídico y reducen el riesgo cardiovascular. Si esto no basta o el riesgo es alto, se añade medicación. La decisión de tratar con fármacos depende de las alteraciones y del riesgo global, y corresponde al profesional. Los hábitos saludables son útiles en todos los casos, con o sin medicación.
Porque las alteraciones de los lípidos, especialmente el colesterol LDL elevado y los triglicéridos altos, son factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares como el infarto y el ictus, qué están entre las principales causas de enfermedad. Controlar la dislipemia, junto con otros factores como la tensión, el tabaco y la diabetes, reduce ese riesgo. El control debe formar parte de una valoración global del riesgo cardiovascular por un profesional.