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Especialidad médica dedicada al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades del aparato locomotor —articulaciones, huesos, músculos, tendones y ligamentos— y de un amplio grupo de trastornos autoinmunes sistémicos qué pueden afectar a la piel, los riñones, los pulmones o los vasos sanguíneos además de a las articulaciones. Incluye patologías tan diversas como la artrosis, la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico, la gota, las espondiloartritis o la osteoporosis. El reumatólogo combina la exploración física, las pruebas de imagen y los análisis inmunológicos para distinguir procesos degenerativos de enfermedades inflamatorias o autoinmunes, cuyo abordaje terapéutico es muy distinto.
Es la especialidad qué trata los problemas de huesos, músculos y articulaciones, sobre todo cuando hay dolor, hinchazón o rigidez qué no se explica por un golpe o una lesión deportiva puntual. También se ocupa de enfermedades en las qué el propio sistema de defensas del cuerpo ataca por error a sus propios tejidos, como ocurre en la artritis reumatoide o el lupus.
El médico de familia deriva al reumatólogo del hospital de referencia cuando un paciente presenta dolor articular persistente con signos de inflamación, rigidez matutina prolongada o alteraciones analíticas sugestivas de enfermedad autoinmune. El seguimiento suele ser a largo plazo, con revisiones periódicas para ajustar el tratamiento, y en casos complejos se coordina con dermatología, nefrología o medicina interna cuando la enfermedad afecta a otros órganos.
El traumatólogo se centra principalmente en lesiones agudas, fracturas y problemas mecánicos qué a menudo requieren cirugía, mientras qué el reumatólogo trata enfermedades médicas, crónicas e inflamatorias del aparato locomotor qué se abordan sobre todo con fármacos y seguimiento continuado.
No; algunas, como la artrosis o la gota, tienen un origen mecánico o metabólico sin qué el sistema inmunitario ataque al propio organismo, mientras qué otras, como la artritis reumatoide o el lupus, sí son de naturaleza autoinmune.
Porque en las enfermedades autoinmunes el sistema de defensa ataca por error tejido sano, y frenar esa respuesta inmunitaria reduce la inflamación y el daño articular u orgánico, aunque exige vigilar el riesgo de infecciones asociado a ese tipo de tratamiento.