La varicela es una enfermedad infecciosa muy contagiosa causada por el virus de la varicela-zóster. Es típica de la infancia y se caracteriza por una erupción con manchas que evolucionan a vesículas (pequeñas ampollas) y luego a costras, muy pruriginosa (con picor), distribuida por todo el cuerpo, acompañada de fiebre y malestar. Suele ser leve en niños sanos, pero puede complicarse, especialmente en adolescentes, adultos, embarazadas y personas con las defensas bajas. Tras pasarla, el virus queda latente y puede reactivarse años después como herpes zóster. Existe una vacuna que la previene.
En palabras sencillas, la varicela es una infección muy contagiosa, típica de los niños, que produce granitos con picor por todo el cuerpo que se convierten en ampollitas y luego en costras, con algo de fiebre. En los niños suele ser leve, pero en adultos, embarazadas o personas con pocas defensas puede ser más seria. El mismo virus, años después, puede despertar como herpes zóster. Hay vacuna para prevenirla.
Un niño de 5 años presentó fiebre y, poco después, granitos con picor que fueron apareciendo por la cara, el tronco y el resto del cuerpo, convirtiéndose en ampollas y costras. El pediatra diagnosticó una varicela. Al ser un niño sano, recomendó medidas para aliviar el picor y la fiebre, cuidados de la piel para evitar infecciones por rascado, y aislamiento para no contagiar hasta que todas las lesiones fueran costras.
En niños sanos, el tratamiento de la varicela suele ser sintomático: aliviar el picor, controlar la fiebre y cuidar la piel para evitar infecciones por el rascado. En personas de riesgo o casos graves pueden usarse antivirales bajo indicación médica. Es importante el aislamiento mientras es contagiosa. La vacuna, incluida en el calendario, previene la enfermedad. En España, la valoración corresponde a pediatría y atención primaria. No debe usarse ácido acetilsalicílico en niños con varicela.
Un error frecuente es dar ácido acetilsalicílico (aspirina) a niños con varicela, algo desaconsejado por el riesgo de una complicación grave; se usan otros antitérmicos. Otro error es no aislar a la persona, favoreciendo contagios. También se rascan las lesiones, dejando cicatrices o infecciones. Y se subestima el riesgo en adultos, embarazadas o personas inmunodeprimidas.
El diagnóstico y tratamiento de la varicela corresponden a profesionales de la medicina; en niños con varicela no debe administrarse ácido acetilsalicílico, y ante casos en personas de riesgo hay que consultar. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
La varicela es muy contagiosa y se transmite por el aire, a través de las gotitas respiratorias al toser o hablar, y por contacto con el líquido de las vesículas. Una persona es contagiosa desde uno o dos días antes de la erupción hasta que todas las lesiones se han convertido en costras. Por eso es importante el aislamiento durante ese periodo, especialmente respecto a personas de riesgo. Las dudas deben consultarse con un profesional.
En niños sanos, la varicela suele ser leve, aunque molesta. Sin embargo, puede complicarse y ser más grave en adolescentes, adultos, embarazadas, recién nacidos y personas con las defensas bajas, en quienes requiere especial atención. Las posibles complicaciones incluyen infecciones de la piel y otras. Por ello, en personas de riesgo conviene consultar. La vacunación ayuda a prevenirla. La valoración corresponde a un profesional.
Sí. Existe una vacuna eficaz frente a la varicela que está incluida en el calendario de vacunación infantil y que previene la enfermedad o reduce su gravedad. También puede indicarse en determinadas personas susceptibles. La vacunación ha disminuido notablemente los casos y complicaciones. Las pautas concretas forman parte de los programas de vacunación, y conviene consultar con el profesional sobre su indicación en cada caso.
Porque el uso de ácido acetilsalicílico (aspirina) en niños con varicela u otras infecciones víricas se ha relacionado con el síndrome de Reye, una complicación grave. Por ello, para la fiebre y el malestar en la varicela se utilizan otros antitérmicos indicados por el profesional, y no aspirina en niños. Ante dudas sobre qué medicación usar, hay que consultar siempre con un profesional de la medicina.
Lo habitual es pasar la varicela una sola vez, ya que deja inmunidad. Sin embargo, el virus queda latente en el organismo y puede reactivarse años después en forma de herpes zóster (culebrilla), que no es una segunda varicela sino otra manifestación del mismo virus. En situaciones excepcionales pueden darse casos atípicos. Cualquier duda sobre la inmunidad o una nueva erupción debe valorarla un profesional.