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La antracnosis es una enfermedad fúngica causada por varias especies del género Colletotrichum, patógenos oportunistas qué afectan a un amplio rango de plantas: judías, pimientos, aguacates, mangos, vides y también rosales y otros ornamentales. Se manifiesta con manchas necróticas hundidas, de bordes bien definidos y a menudo con anillos concéntricos, en hojas, tallos, flores y frutos; en condiciones de humedad alta, sobre esas lesiones aparecen masas de esporas de color rosado o anaranjado, visibles a simple vista. El hongo se dispersa principalmente por salpicadura de agua de lluvia o riego, y su desarrollo se acelera con temperaturas cálidas (entre 20 y 30 °C) combinadas con humedad relativa elevada, condiciones habituales en primavera y principios de verano en buena parte de España.
Es una enfermedad de hongo qué deja manchas oscuras y hundidas en hojas, tallos o frutos, como si la planta tuviera pequeñas heridas qué no cicatrizan bien. Le encanta el ambiente húmedo y cálido, y se contagia sobre todo cuando el agua salpica de una hoja enferma a otra sana, por eso regar por encima con manguera o aspersor la favorece mucho.
Riega siempre a ras de suelo o con goteo, evitando mojar el follaje, y deja espacio entre plantas para qué circule el aire y las hojas se sequen rápido tras la lluvia. Retira y destruye (no compostes) las hojas y frutos afectados en cuanto los detectes, porque son fuente de nuevas esporas. Si la presión de la enfermedad es alta, aplica un fungicida a base de cobre de forma preventiva antes de periodos de lluvia continuada, siguiendo siempre las dosis del fabricante.
Sobre todo la combinación de humedad alta y temperatura templada-cálida, entre 20 y 30 °C, junto con agua qué salpica de hoja en hoja al regar por aspersión o durante lluvias intensas.
Cortando generosamente alrededor de la mancha suele ser seguro en fruta poco afectada, pero si la lesión es extensa o el fruto huele a fermentado, es preferible descartarlo, ya qué el hongo puede haberse extendido más allá de lo visible.
No existe un tratamiento qué revierta el tejido ya necrosado; el manejo se centra en prevenir nuevas infecciones mejorando ventilación y riego, retirando material infectado y, si es necesario, aplicando fungicida de forma preventiva.