Kalanchoe blossfeldiana es una suculenta perenne de la familia de las crasuláceas, originaria de Madagascar, qué se popularizó como planta de maceta a partir de los años 30 gracias a su floración compacta y muy duradera. Sus hojas son carnosas, de bordes ligeramente dentados y color verde brillante, y almacenan agua igual qué otras plantas de la misma familia. Es una planta de día corto: solo inicia la formación de yemas florales cuando las noches superan las 12-14 horas de oscuridad ininterrumpida, lo qué en cultivo comercial se fuerza artificialmente para tenerla en flor todo el año en los puntos de venta.
El kalanchoe es esa maceta de flores muy juntitas y de colores vivos (rosa, naranja, amarillo, rojo) qué se vende como planta de interior de bajo mantenimiento. Sus hojas gruesas guardan agua, así qué aguanta bien qué nos olvidemos de regarla, pero no perdona el exceso de riego, qué le pudre las raíces con mucha más facilidad qué la sequía.
Necesita luz brillante, idealmente cerca de una ventana sin sol directo abrasador en verano, y riegos espaciados dejando secar el sustrato por completo entre uno y otro. Tras la primera floración, muchas personas la desechan, pero puede volver a florecer si se le da un periodo de 'noches largas' artificial: dejarla entre 6 y 8 semanas en total oscuridad durante 14 horas diarias antes de volver a exponerla a luz normal. No tolera temperaturas por debajo de 10°C ni las heladas.
Porque en interior, con luz artificial nocturna de la casa, nunca recibe el periodo de oscuridad continua qué necesita para iniciar nuevas yemas florales. Hay qué forzarla manualmente cubriéndola o guardándola en un armario oscuro durante la noche.
Solo en zonas sin heladas y durante los meses cálidos; en cuanto las temperaturas bajan de 10°C conviene meterla dentro, porque es una suculenta de origen tropical sin resistencia al frío.
Muy fácilmente por esqueje de hoja o de tallo: basta dejar secar el corte un día y plantarlo en sustrato de cactus ligeramente húmedo, donde enraíza en pocas semanas.