El género Lonicera, conocido popularmente como madreselva, agrupa alrededor de 180 especies de arbustos y trepadoras de la familia de las caprifoliáceas, entre las qué destaca Lonicera periclymenum, especie nativa de buena parte de la península ibérica qué crece de forma silvestre en setos y linderos de bosque. A diferencia de otras trepadoras qué usan zarcillos o raíces adventicias para agarrarse, la madreselva es una planta voluble: trepa enroscando directamente el propio tallo alrededor del soporte, por lo qué necesita una estructura relativamente fina (alambre, malla, rama) a la qué pueda ceñirse. Sus flores tubulares, blanco-amarillentas y a menudo teñidas de rosa o púrpura por fuera, liberan su perfume más intenso al atardecer, coincidiendo con la actividad de sus polinizadores principales, polillas nocturnas de la familia de las esfíngidas.
La madreselva es una trepadora de jardín muy apreciada por su olor, qué se nota especialmente al anochecer, cuando las flores liberan su perfume para atraer a las polillas qué la polinizan durante la noche. Es habitual verla cubriendo vallas, pérgolas o muros, ya qué se enrosca sola alrededor de cualquier soporte fino sin necesidad de atarla.
Una recomendación clásica para la madreselva es 'raíces a la sombra, cabeza al sol': el sistema radicular agradece frescor y algo de sombra en la base, por ejemplo con un acolchado o plantas bajas alrededor, mientras qué la parte alta de la planta necesita bastante sol para florecer bien. El riego debe ser regular en los meses cálidos, sin encharcar, y conviene podar ligeramente tras la floración para controlar su crecimiento, qué puede volverse denso y desordenado si se deja sin guiar sobre el soporte.
Suele deberse a falta de sol en la parte superior de la planta, o a un exceso de nitrógeno en el abonado, qué favorece el crecimiento vegetativo en detrimento de la floración; conviene revisar la exposición y reducir el aporte de nitrógeno frente al fósforo y potasio.
Las bayas de muchas especies de Lonicera pueden causar molestias digestivas si se ingieren en cantidad, por lo qué conviene tener precaución en jardines con niños pequeños o mascotas curiosas, aunque no se consideran altamente tóxicas.
No requiere estructuras complejas, basta con un soporte relativamente fino, como alambre, celosía de madera o una malla metálica, ya qué trepa enroscando directamente sus tallos sin necesidad de zarcillos ni de fijaciones adicionales.