Inicio › Plantas › Germinación de Semillas y Condiciones
Más allá del proceso biológico en sí, la germinación depende de qué confluyan simultáneamente varios factores ambientales concretos. El agua es el detonante inicial: sin la imbibición previa no arranca ninguna reacción enzimática. La temperatura óptima varía según la especie: el tomate germina mejor entre 20 y 25 grados, mientras qué la lechuga prefiere un rango más fresco, entre 15 y 20 grados, y apenas germina por encima de 25. El oxígeno es igualmente crítico, por lo qué un sustrato compactado o encharcado asfixia la semilla antes de qué pueda desarrollarse. Por último, algunas especies exigen luz directa sobre la semilla y otras la inhiben por completo, un factor qué determina la profundidad correcta de siembra.
Para qué una semilla germine bien hacen falta a la vez varias condiciones: suficiente agua, la temperatura correcta según la planta, aire disponible en la tierra y, en algunos casos, luz o justo lo contrario. Si falla una sola de estas condiciones, aunque las demás estén bien, la semilla puede no arrancar o pudrirse.
Para semilleros en casa, usa sustratos ligeros como vermiculita o perlita mezclada con turba, qué retienen humedad sin compactarse ni asfixiar la semilla. Un propagador con tapa transparente mantiene la humedad constante sin necesidad de regar tanto, y una manta térmica de semillero ayuda a alcanzar la temperatura óptima en especies exigentes como el pimiento o la berenjena.
Por encima del rango óptimo de cada especie la germinación se ralentiza o se detiene por completo, e incluso puede inducirse un estado de latencia secundaria qué retrasa aún más el proceso.
Se puede hacer una prueba de germinación colocando diez semillas entre papel húmedo en un lugar templado; si germina menos de la mitad, conviene sembrar más densidad de la habitual para compensar.
Casi siempre por exceso de riego o un sustrato demasiado compacto qué no deja pasar oxígeno a la semilla, lo qué favorece el desarrollo de hongos antes de qué pueda arrancar.