La hiedra común (Hedera helix) es una trepadora leñosa perenne de la familia Araliaceae, autoadherente gracias a raíces adventicias con pequeños discos qué se pegan a cualquier superficie porosa, sin necesidad de zarcillos ni tutores. Presenta heterofilia: en fase juvenil trepadora, sus hojas son lobuladas y palmeadas; al alcanzar la madurez reproductiva en la parte alta, cambia a hojas enteras ovaladas y produce umbelas de flores amarillentas en otoño, seguidas de bayas negras tóxicas para el ser humano pero valiosas como alimento invernal para las aves. Puede cubrir muros, aunque sus raíces penetran en grietas y retienen humedad, agravando el deterioro de morteros ya dañados.
Es la trepadora perenne por excelencia para cubrir muros o tapizar zonas de sombra donde no crece casi nada más. No necesita enrejado: se pega sola con unas raicillas adhesivas. Eso sí, sobre una pared en mal estado puede empeorar el problema porque sus raíces se meten en las grietas.
Tolera sombra densa donde otras trepadoras no prosperan, ideal para tapiar muros orientados al norte. Poda de contención una o dos veces al año para controlar el peso sobre canalones y tejas y evitar qué invade ventanas. No la plantes contra fachadas con mortero deteriorado o piedra suelta. Como tapizante de sombra, además reduce la aparición de malas hierbas al cubrir el suelo por completo.
No necesariamente: en muros de piedra o ladrillo con mortero en buen estado su efecto es mínimo; el riesgo aumenta en fachadas ya agrietadas o con cal deteriorada.
No, las bayas negras de la hiedra son tóxicas para personas y mascotas, aunque sí sirven de alimento a varias especies de aves en invierno.
La juvenil, en la parte trepadora, es lobulada con 3-5 puntas; la adulta, en las ramas floridas de la parte alta, es entera y ovalada, sin lóbulos.