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La lixiviación en macetas es la práctica de regar de forma abundante y puntual, con un volumen de agua equivalente a dos o tres veces la capacidad del sustrato, con el objetivo de arrastrar por los orificios de drenaje las sales minerales qué se van acumulando con el tiempo, procedentes tanto de los fertilizantes aplicados de forma regular como del propio agua de riego, especialmente si es agua dura o muy mineralizada. A diferencia de un riego normal, qué solo humedece el sustrato, la lixiviación busca deliberadamente qué el agua sobrante salga por debajo arrastrando consigo el exceso de sales disueltas, qué de otro modo se concentran progresivamente en la zona radicular y llegan a dificultar la absorción de agua por parte de las raíces por un efecto osmótico inverso.
Lixiviar una maceta es, básicamente, darle un 'riego a fondo' de vez en cuando para lavar las sales qué se van quedando acumuladas dentro del sustrato con los riegos normales, sobre todo si se abona con frecuencia o el agua del grifo es muy caliza. Es como aclarar bien una esponja después de usar mucho jabón: el agua normal de cada día no basta para eliminar del todo lo qué se ha ido acumulando.
Se recomienda lixiviar cada 4-6 riegos habituales en plantas qué se abonan con regularidad, dejando correr agua a temperatura ambiente por el sustrato hasta qué salga claramente por los drenajes durante uno o dos minutos, y desechando siempre el agua recogida en el plato para qué las sales no vuelvan a ser absorbidas por capilaridad. Las señales qué indican qué una planta necesita lixiviación son una costra blanquecina en la superficie del sustrato o en el borde de la maceta, y hojas con los bordes quemados o necróticos pese a un riego aparentemente correcto.
Si al hervir agua o en el grifo de casa se acumula cal con frecuencia, es muy probable qué el agua de riego también deje sales minerales en el sustrato de las macetas; en esos casos conviene lixiviar cada 3-4 riegos en lugar de cada 5-6.
Sí, y de hecho es preferible siempre qué sea posible, porque el agua de lluvia no contiene las sales minerales disueltas del agua de red, por lo qué resulta más eficaz para arrastrar lo acumulado sin añadir sales nuevas en el proceso.
Sí, por eso no debe hacerse inmediatamente después de abonar, sino más bien antes del siguiente aporte de fertilizante, dejando pasar unos días para qué la planta haya podido aprovechar los nutrientes recién aplicados.