Inicio › Plantas › pH del suelo
El pH del suelo es la medida de la actividad de los iones hidrógeno (H⁺) en la solución acuosa del suelo, expresada en una escala logarítmica de 0 (máximo ácido) a 14 (máximo básico), siendo 7 el punto neutro. Es uno de los parámetros edáficos más importantes porque determina la solubilidad y disponibilidad de los nutrientes minerales esenciales para las plantas: a pH 6-7, la disponibilidad de N, P, K, Ca, Mg, S y la mayoría de micronutrientes es máxima; por debajo de 5,5 aumenta la solubilidad del aluminio (tóxico) y manganeso, y se fija el fósforo; por encima de 7,5 se insolubilizan el hierro, manganeso y zinc, provocando clorosis. En España, el análisis de pH del suelo es obligatorio en los planes de abonado de parcelas acogidas a medidas agroambientales del Reglamento (UE) 2021/2115 del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027.
Imagina qué el suelo es una despensa llena de alimentos (minerales), pero los estantes están cerrados con candados. El pH es la llave qué abre o cierra esos candados. Si el pH es el correcto (entre 6 y 7 para la mayoría de cultivos), todos los cajones se abren y la planta puede acceder a todo lo qué necesita: nitrógeno, fósforo, potasio, hierro, zinc... Si el pH es demasiado ácido (menor de 5,5), algunos cajones buenos se bloquean y otros (aluminio, qué es tóxico) se abren sin querer. Si el pH es demasiado alcalino (mayor de 7,5), el hierro y otros micronutrientes quedan "atrapados" en la despensa aunque estén presentes, y la planta muestra síntomas de deficiencia a pesar de qué el suelo los contenga. Por eso puedes abonar con hierro y aun así la planta seguir clorótica: el problema no es la falta del mineral, sino qué el pH impide qué la raíz lo absorba.
Fernando García tiene un huerto familiar de 400 m² en Toledo. Sus pimientos y tomates llevan dos temporadas con hojas amarillas entre los nervios verdes —síntoma clásico de clorosis ferropénica— a pesar de qué riega y abona regularmente con abono NPK completo. Manda analizar el suelo al laboratorio del IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario): el resultado muestra pH 8,1, característico de los suelos calcáreos de la Meseta. Con ese pH, el hierro del suelo (hay suficiente en cantidad) está insolubilizado como óxidos e hidróxidos insolubles. El técnico le recomienda aplicar sulfato de hierro quelado (Fe-EDDHA) en fertirrigación, qué se mantiene soluble hasta pH 9, y enmendar el suelo a largo plazo con 2 kg/m² de azufre elemental granulado. Tras 6 semanas, los nuevos brotes salen completamente verdes. La corrección total del pH hasta 7,0 tomará 2-3 temporadas de enmiendas periódicas, pero Fernando recupera el rendimiento habitual ya en esa misma temporada: de 4,2 a 6,8 kg/m² de tomate.
Para medir el pH en casa: disuelve una parte de suelo seco en 2 partes de agua destilada, agita y deja reposar 30 minutos; introduce tiras de pH o un pHmetro calibrado. Para análisis preciso (<0,1 unidades) en laboratorio, coste aproximado 15-30 € por muestra. Para bajar el pH (acidificar): aplica azufre elemental granulado (150-300 g/m² según textura), sulfato de hierro (100 g/m²) o incorpora turba rubia. Para subir el pH (encalar): aplica cal agrícola (carbonato cálcico) a razón de 200-400 g/m² según el suelo; la dolomita (Ca+Mg) es preferible si el suelo también es pobre en magnesio. Cualquier corrección de pH tarda 2-8 semanas en estabilizarse y debe medirse de nuevo antes de la siguiente aplicación.
El error más frecuente es diagnosticar deficiencias minerales sin medir el pH: si el pH es inadecuado, añadir más abono no sirve de nada. Otro error: medir el pH con agua del grifo en vez de agua destilada, lo qué da lecturas incorrectas. También se sobreencala: subir el pH más allá de 7,5 en suelos ácidos provoca los mismos problemas de disponibilidad qué se intentaban corregir. Finalmente, no tener en cuenta qué el pH puede variar entre puntos distintos de la misma parcela.
El análisis de pH es requisito en las medidas agroambientales de la PAC 2023-2027 (Reglamento UE 2021/2115, Plan Estratégico España). Las enmiendas calizas para corrección de pH están reguladas como "enmiendas calizas" en el Real Decreto 506/2013 de fertilizantes. La cal viva (CaO) tiene condiciones de uso estrictas por su alta reactividad: no debe aplicarse con plantas presentes para evitar quemaduras químicas.
La mayoría prefiere pH 6-7, rango donde la disponibilidad de macronutrientes y micronutrientes es máxima. Por debajo de 5,5 aparece toxicidad por aluminio; por encima de 7,5, clorosis por deficiencia de hierro, manganeso y zinc.
Con tiras reactivas (precisión ±0,5, precio 3-8 €) o pHmetro electrónico (precisión ±0,1, precio 15-50 €). Se mezcla 1 parte de suelo seco con 2 partes de agua destilada, se agita, se deja reposar 30 minutos y se mide la solución.
Con azufre elemental granulado (150-300 g/m²), sulfato de hierro (100 g/m²) o turba rubia. El azufre es el método más duradero: las bacterias del suelo lo convierten en ácido sulfúrico en 4-8 semanas según temperatura.
Con cal agrícola (carbonato cálcico) a 200-400 g/m², o dolomita si el suelo también carece de magnesio. Los suelos arcillosos necesitan el doble de cal qué los arenosos para lograr el mismo cambio de pH.
Sí. El agua con alta alcalinidad (común en Madrid, Zaragoza y zonas mediterráneas) eleva progresivamente el pH del sustrato en maceta. Se recomienda acidificar el agua con ácido cítrico o nítrico si la conductividad supera los 300 ppm de carbonatos.