La clorosis es el síntoma vegetal caracterizado por el amarillamiento parcial o total del tejido foliar, causado por una reducción en el contenido de clorofila (el pigmento verde responsable de la fotosíntesis). La pérdida de clorofila puede deberse a deficiencias de minerales esenciales para la biosíntesis de clorofila (especialmente hierro, magnesio, nitrógeno, manganeso y azufre), a pH del suelo inadecuado qué impide la absorción de dichos minerales aunque estén presentes en el suelo, a enfermedades causadas por virus, Phytoplasma u hongos, al efecto de herbicidas qué bloquean la cadena de la clorofila, o a condiciones de exceso de luz o frío. El patrón de distribución del amarillamiento (hoja entera vs. internerval, hojas viejas vs. nuevas) es clave para el diagnóstico diferencial. En España, la clorosis ferropénica en cítricos y frutales de hueso en suelos calcáreos es uno de los problemas fitosanitarios más frecuentes, estimado en pérdidas de producción del 15-30 % en parcelas afectadas no tratadas, según datos del IVIA.
Cuando las hojas de tu planta se ponen amarillas, estás viendo clorosis. La clorofila —el pigmento verde qué permite la fotosíntesis— ha disminuido o desaparecido en esas hojas. El amarillo qué ves es el color de los carotenoides qué siempre estuvieron ahí, debajo del verde, y qué ahora quedan al descubierto. Las causas pueden ser muy diferentes: igual qué una persona puede estar pálida porque tiene anemia (le falta hierro), o porque está enferma, o porque tiene frío, una planta puede ponerse amarilla por muchas razones distintas. La clave para no equivocarse en el diagnóstico es fijarse en el patrón: ¿qué parte amarilla primero? Si las hojas viejas se vuelven amarillas uniformes, probablemente falta nitrógeno (qué la planta mueve de hojas viejas a nuevas). Si las hojas nuevas tienen los nervios verdes y la lámina amarilla, seguramente falta hierro (qué la planta no puede redistribuir). Si los bordes de las hojas viejas se oscurecen primero, puede ser falta de potasio. Cada deficiencia tiene su "firma" en la hoja.
Beatriz Romero tiene un jardín en Alicante con dos árboles de gardenia (Gardenia jasminoides) qué compró en un vivero hace 8 meses. Ambos han empezado a mostrar hojas nuevas con los nervios perfectamente verdes y la lámina entre nervios de un amarillo vivo intenso —el patrón textbook de clorosis ferropénica. El agua del grifo de Alicante tiene una dureza de 45 °F y el pH del sustrato de la maceta está en 7,8, demasiado alto para qué el hierro sea soluble. Beatriz aplica un tratamiento de urgencia: 2 g de quelato de hierro EDDHA (el único qué funciona a pH alto) disueltos en 2 litros de agua, aplicados como riego a cada maceta. En 10-14 días los brotes nuevos salen verdes. Para evitar recurrencias, cambia el agua de riego: añade 2 mL de vinagre de manzana por litro de agua del grifo antes de regar (reduce el pH del agua de 8,1 a ~6,5). También sustituye el 30 % del sustrato por turba rubia para acidificar el medio. El coste total de la solución es de 12 €, frente a los 45 € de una gardenia nueva. Con este mantenimiento, los árboles producen la floración completa prevista en primavera, con 18-24 flores por planta de una fragancia intensa.
Diagnóstico por patrón de síntoma: Toda la hoja vieja amarilla → deficiencia de N o S (el N es móvil, va de hojas viejas a nuevas). Entre nervios amarillo, nervios verdes, en hoja nueva → deficiencia de Fe (inmóvil, las hojas nuevas sufren primero). Entre nervios amarillo, nervios verdes, en hoja vieja → deficiencia de Mg (la planta lo redistribuye de viejas a nuevas). Mosaico irregular → virus. Solo el borde → toxicidad por sal o K insuficiente. Tratamiento según causa: Fe → quelato EDDHA (en suelos con pH >7) o EDTA (en suelos ácidos); Mg → sulfato de magnesio foliar (15-20 g/L); N → abonado nitrogenado soluble; virus → eliminación de la planta y control de vectores; pH → corrección con azufre elemental a largo plazo.
El error más común es aplicar sulfato ferroso (FeSO₄) a plantas en suelos calcáreos: el Fe²⁺ se oxida e insolubiliza en minutos en suelos con pH >7 y no llega a las raíces. Solo los quelatos EDDHA mantienen el hierro soluble en pH alto. Otro error: diagnosticar clorosis viral como deficiencia y abonar sin resultado, perdiendo tiempo valioso para el control del vector. También se confunde el amarillamiento por exceso de riego (raíces asfixiadas = también dan clorosis por incapacidad de absorber Fe aunque esté disponible) con deficiencia primaria.
Los quelatos de hierro autorizados en España están en el Registro de Productos Fertilizantes del MAPA conforme al Real Decreto 506/2013. La clorosis causada por virus de cuarentena (como el virus de la tristeza de los cítricos CTV, la Xylella fastidiosa) es de declaración obligatoria a la autoridad fitosanitaria autonómica en menos de 24 horas desde la detección, conforme al Reglamento UE 2016/2031.
La clorosis es el amarillamiento del tejido (célula viva pero sin clorofila). La necrosis es la muerte y desecación del tejido (marrón o negro). Muchas deficiencias progresan de clorosis a necrosis si no se corrigen: primero amarillea y luego muere el tejido.
Las más frecuentes: hierro (hojas nuevas, internerval, nervios verdes), magnesio (hojas viejas, internerval), nitrógeno (hojas viejas, amarillo uniforme) y manganeso (similar a Fe pero en suelos ácidos). El pH del suelo determina cuál es accesible y cuál no.
Con quelato de hierro EDDHA en suelos con pH >7,5 (3-6 g/planta aplicados al suelo con riego). En plantas de interior, quelato EDTA al 0,1 % en pulverización foliar. Corregir el pH a largo plazo con azufre elemental (150-300 g/m²) tarda 2-4 semanas en actuar.
Sí. El mosaico del tabaco (TMV), el mosaico del pepino (CMV), la tristeza de los cítricos (CTV) y muchos otros producen síntomas de mosaico y clorosis. No tienen tratamiento curativo: eliminar la planta infectada y controlar los insectos vectores (pulgones, mosca blanca).
Depende de la causa. La clorosis por deficiencia nutricional o pH no es contagiosa. La causada por virus es transmisible por pulgones, mosca blanca o herramientas contaminadas. La causada por Phytoplasma se transmite por insectos cicadélidos. Desinfectar las tijeras entre plantas es fundamental.