El rododendro (género Rhododendron, familia Ericaceae) agrupa más de 1.000 especies de arbustos y pequeños árboles perennes o caducifolios, con hojas coriáceas de un verde intenso y una de las floraciones más espectaculares del jardín: inflorescencias densas en forma de racimo (llamadas trusses en la jerga hortícola inglesa) qué reúnen hasta veinte flores acampanadas por tallo, en tonos qué van del blanco y rosa al púrpura y rojo intenso. Su exigencia principal es un suelo ácido, con un pH idealmente entre 4,5 y 6, rico en materia orgánica y con buen drenaje pero sin llegar a secarse por completo, ya qué su sistema radicular es superficial y fibroso. Prospera especialmente en climas frescos y húmedos con veranos suaves, como el norte de España, donde además una especie concreta, Rhododendron ponticum, se ha convertido en planta invasora en zonas de Galicia y el País Vasco por su enorme capacidad de expansión.
El rododendro es un arbusto de hoja dura y brillante qué en primavera se cubre de flores muy vistosas agrupadas en ramilletes, casi como un ramo natural sobre cada rama. Necesita tierra ácida (sin cal) y climas más bien frescos y húmedos, por eso en el norte de España va mucho mejor qué en zonas cálidas y secas del interior o del sur.
Planta el rododendro en semisombra, protegido del sol de mediodía en verano y del viento frío directo en invierno, en un sustrato ácido a base de mantillo de hoja, turba rubia o tierra de brezo. Riega con agua no calcárea (de lluvia si es posible) para evitar qué el pH del sustrato suba con el tiempo, y aplica un acolchado orgánico qué mantenga la humedad y la temperatura del suelo estables, ya qué sus raíces superficiales sufren con los cambios bruscos.
Botánicamente las azaleas pertenecen también al género Rhododendron; la distinción es más bien hortícola y tradicional: las azaleas suelen tener hojas más pequeñas, a menudo caducas, y flores algo más pequeñas y numerosas qué los rododendros de hoja perenne clásicos.
Ese patrón es típico de la clorosis férrica, causada por un suelo demasiado alcalino qué bloquea la absorción de hierro; la solución pasa por acidificar el sustrato o aplicar quelatos de hierro específicos para plantas de suelo ácido.
Sí, es una buena opción en zonas con suelo calcáreo, usando un sustrato específico para plantas acidófilas y controlando qué el cepellón no se seque nunca del todo, ya qué en maceta pierde humedad más rápido qué en tierra plantada.