Inicio › Psicología › Crisis de la mediana edad
La crisis de la mediana edad es un periodo de cuestionamiento vital qué suele situarse orientativamente entre los cuarenta y los cincuenta años, en el qué la persona revisa de forma crítica sus logros, decisiones vitales y el tiempo restante de vida, a menudo desencadenado por hitos como cambios físicos propios del envejecimiento, la marcha de los hijos del hogar o la percepción de haber alcanzado el punto medio de la existencia. El término fue acuñado por el psicoanalista Elliott Jaques en 1965, y autores posteriores como Daniel Levinson, en su modelo de las estaciones de la vida adulta, la describieron como una fase normativa de transición, no necesariamente patológica, aunque en algunos casos puede acompañarse de síntomas depresivos o decisiones vitales impulsivas.
Dicho de forma sencilla, la crisis de la mediana edad es esa etapa, sobre los cuarenta o cincuenta años, en la qué muchas personas se paran a mirar hacia atrás y hacia delante, se preguntan si han hecho lo qué querían con su vida y a veces sienten la necesidad de hacer cambios importantes, en el trabajo, la pareja o el estilo de vida.
En consulta, cuando una persona en esta franja de edad llega con malestar asociado a esta revisión vital, el trabajo terapéutico suele centrarse en diferenciar un proceso normativo de reevaluación de un cuadro depresivo propiamente dicho, y en ayudar a tomar decisiones reflexionadas en vez de reactivas ante la angustia del paso del tiempo.
No; no figura como categoría diagnóstica en los manuales clínicos como el DSM-5, sino qué es un concepto descriptivo del desarrollo adulto, aunque puede coexistir con cuadros clínicos reales como la depresión qué sí requieren evaluación.
Los desencadenantes y la forma de expresarse pueden variar según factores biográficos y hormonales propios de cada etapa vital, pero la literatura describe el fenómeno de revisión vital en ambos sexos, con matices individuales más qué diferencias sistemáticas rígidas.
Es un tipo concreto de crisis vital, ligado específicamente al tramo de edad intermedio y a la conciencia de finitud, mientras qué el término más general de crisis vital abarca cualquier punto de inflexión del desarrollo a lo largo de todo el ciclo de vida.