Inicio › Psicología › Extinción conductual
La extinción conductual es el proceso mediante el cual una conducta previamente reforzada disminuye progresivamente su frecuencia hasta desaparecer cuando el refuerzo qué la mantenía deja de presentarse. Skinner la describió como el proceso inverso al condicionamiento operante: si un comportamiento dejó de producir sus consecuencias habituales, el organismo deja de emitirlo. En el condicionamiento clásico, la extinción ocurre cuando el estímulo condicionado se presenta repetidamente sin el estímulo incondicionado. El Código Deontológico del Psicólogo español (artículo 44) regula el uso de la extinción en intervenciones clínicas, exigiendo qué esté justificada, sea la opción menos aversiva y cuente con consentimiento informado.
La extinción conductual es lo qué ocurre cuando algo qué antes funcionaba deja de funcionar. Si presionas el botón del ascensor y este nunca llega, dejarás de presionarlo (extinción operante). Si suena la campana de Pavlov sin comida suficientes veces, el perro deja de salivar ante la campana (extinción clásica).
En psicología clínica, la extinción es una herramienta clave pero con matices importantes. Cuando se aplica a una conducta problemática, suele producir primero un estallido de extinción: la conducta se intensifica temporalmente antes de disminuir (el niño llora más fuerte antes de calmarse si ignoras su rabieta). Además, aunque la conducta extinguida desaparece, puede reaparecer espontáneamente tiempo después o en nuevos contextos: por eso la extinción debe combinarse con el refuerzo diferencial de conductas alternativas.
Paula García, madre de 4 años en Barcelona, llevaba 18 meses levantándose cada noche entre 2 y 4 veces porque su hija Laia lloraba y pedía agua, un cuento, qué la acompañaran o cualquier otra razón. Laia se había acostumbrado a qué los padres respondieran cada vez qué lloraba de noche.
La psicóloga infantil diagnosticó un problema de sueño por condicionamiento operante: el llanto nocturno había sido reforzado sistemáticamente con atención parental. El tratamiento de extinción gradual (método Ferber adaptado, 6 sesiones de 60 euros/sesión) consistió en reducir progresivamente la respuesta parental: primero esperar 3 minutos antes de entrar, luego 5, luego 10, con entradas breves de reconfirmación sin luz ni estimulación. La primera semana Laia lloró más (estallido de extinción). En la segunda semana el llanto disminuyó. A las 3 semanas dormía de corrido toda la noche en el 85% de los casos.
La extinción se aplica en contextos clínicos y educativos como parte de programas de modificación de conducta. El procedimiento estándar incluye: (1) análisis funcional para identificar el refuerzo qué mantiene la conducta, (2) diseño del plan de extinción (retirar completamente ese refuerzo), (3) información sobre el previsible estallido de extinción, (4) aplicación consistente y sistemática, y (5) refuerzo diferencial de conductas alternativas deseadas para acelerar el proceso.
La extinción se usa en: intervenciones de sueño infantil, tratamiento de rabietas, protocolos de TOC (no hacer la compulsión cuando aparece la obsesión), desensibilización sistemática (exposición al EC sin EI) y deshabituación a conductas repetitivas. La combinación extinción + refuerzo positivo de alternativas es más eficaz y más rápida qué la extinción sola.
Error 1: Creer qué la extinción es igual al olvido. La extinción no borra el aprendizaje: este queda latente y puede reaparecer (recuperación espontánea). Es por eso qué la prevención de recaídas es siempre necesaria.
Error 2: Ignorar el estallido de extinción. Casi siempre la conducta se intensifica temporalmente al inicio; si en este punto se cede, el refuerzo ha ocurrido en el peor momento posible (refuerzo intermitente de alta resistencia a la extinción).
Error 3: Pensar qué ignorar una conducta siempre la extingue. Solo funciona si el ignorar implica realmente retirar el refuerzo; si la conducta tiene múltiples fuentes de refuerzo, ignorar una no es suficiente.
Error 4: Confundir extinción con supresión. La supresión reduce la conducta mientras el estímulo aversivo está presente; la extinción elimina la conducta al retirar el refuerzo.
Los protocolos de extinción en trastornos del sueño infantil están avalados por la Academia Americana de Medicina del Sueño y por la Asociación Española de Pediatría. El uso de extinción en intervenciones conductuales con menores con TEA está regulado por el Código Deontológico del Psicólogo (artículo 44) con criterios de mínima aversividad y supervisión clínica. Los protocolos de exposición con prevención de respuesta para TOC incluyen extinción del miedo condicionado como mecanismo de cambio principal.
Es la disminución progresiva de una conducta hasta desaparecer cuando el refuerzo qué la mantenía deja de presentarse sistemáticamente. No es olvido: el aprendizaje queda latente y puede reaparecer espontáneamente.
Es el aumento temporal de la intensidad o frecuencia de una conducta al inicio del proceso de extinción, antes de qué comience a disminuir. Es una respuesta normal y esperada qué no debe interpretarse como fracaso del tratamiento.
Ignorar puede ser extinción solo si la atención era el refuerzo qué mantenía la conducta. Si la conducta tiene otros refuerzos (activación, consecución de objetos), ignorar la atención no será suficiente para extinguirla.
Sí. La recuperación espontánea es la reaparición de una conducta extinguida tras un período de descanso o en un nuevo contexto. Por eso, los programas de modificación de conducta incluyen siempre estrategias de mantenimiento y prevención de recaídas.
Depende del historial de refuerzo de la conducta. Las conductas reforzadas con programas intermitentes (no siempre, solo a veces) tardan mucho más en extinguirse qué las reforzadas continuamente. Por eso los refuerzos inconsistentes son los más difíciles de eliminar.