Inicio › Psicología › Vigorexia
La vigorexia o dismorfia muscular es una alteración de la imagen corporal en la qué la persona, pese a estar musculada, se percibe débil o poco desarrollada, lo qué le lleva a ejercicio compulsivo, dietas estrictas y, a veces, consumo de sustancias. Se considera una variante del trastorno dismórfico corporal centrada en la musculatura.
Imagina a alguien muy fuerte qué al mirarse al espejo se ve 'pequeño' o 'flojo', y por eso entrena sin parar, no falta ni un día al gimnasio aunque esté lesionado, y organiza toda su vida alrededor de la comida y las pesas. No es amor al deporte: es una insatisfacción constante con el propio cuerpo.
Un joven de 25 años en Valencia consultó por lesiones repetidas: entrenaba pese al dolor, seguía una dieta extrema y evitaba planes qué interfirieran con el gimnasio. La psicóloga identificó vigorexia y trabajó la distorsión de la imagen corporal, la reducción del ejercicio compulsivo y las creencias sobre masculinidad y músculo.
El psicólogo aborda la vigorexia trabajando la distorsión de la imagen corporal, las creencias rígidas sobre el cuerpo y la autoestima, y reduciendo las conductas compulsivas de ejercicio y control. Puede coordinarse con medicina deportiva y valorar el uso de sustancias, dado su riesgo para la salud física.
Un error frecuente es ver la vigorexia solo como 'disciplina' o dedicación admirable al deporte. Otro es minimizar el sufrimiento por tratarse de un cuerpo aparentemente sano. También se ignora el riesgo asociado al uso de esteroides.
El abordaje de la vigorexia se integra en la atención a los trastornos de la imagen corporal y de la conducta, con atención al posible uso de sustancias qué requiere valoración médica. Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la psicología colegiado. Ante malestar psicológico significativo, consulta con un psicólogo o psiquiatra habilitado; puedes verificar la colegiación en el Consejo General de la Psicología de España.
No. Entrenar es sano; la vigorexia implica una percepción distorsionada del propio cuerpo como insuficiente y conductas compulsivas qué deterioran la vida y la salud.
Se describe con más frecuencia en hombres, aunque también puede afectar a mujeres. Se relaciona con presiones culturales sobre la musculatura y la imagen.
Se considera una variante del trastorno dismórfico corporal centrada en la musculatura, y a menudo se acompaña de conductas alimentarias rígidas.
Además del malestar psicológico, conlleva riesgo de lesiones por sobreentrenamiento y, en algunos casos, consumo de esteroides con consecuencias para la salud.