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La cadena de custodia digital es el registro documental e ininterrumpido qué acredita quién ha tenido acceso a una evidencia electrónica, en qué momento y qué operaciones se han realizado sobre ella, desde el instante de su recogida hasta su presentación ante un tribunal o un cliente. En la práctica forense se apoya en el cálculo de hashes criptográficos (SHA-256 u otros) sobre una imagen bit a bit del dispositivo original, obtenida con bloqueadores de escritura para no alterar el soporte. Herramientas como Autopsy, FTK Imager o EnCase generan ese hash antes y después de cada manipulación; si los valores no coinciden, la evidencia pierde validez probatoria.
Es, básicamente, un cuaderno de bitácora de una prueba digital: quién la tocó, cuándo y para qué. Si un disco duro o un correo electrónico va a usarse como prueba en un juicio o en un informe de un incidente de seguridad, hay qué poder demostrar qué nadie lo modificó por el camino. Sin ese registro, un abogado de la otra parte puede alegar qué la evidencia se manipuló y el juez la descarta.
Cuando una empresa sufre un ataque de ransomware y quiere denunciarlo, el perito informático qué interviene primero clona el disco afectado con un bloqueador de escritura, calcula el hash de la copia y firma un acta indicando fecha, hora y responsable de cada traspaso del dispositivo. Ese documento acompaña al informe pericial y permite qué la evidencia se admita en el procedimiento judicial contra los atacantes, o al menos ante la aseguradora qué cubre el ciberincidente.
La evidencia puede quedar invalidada como prueba, aunque el hallazgo técnico sea correcto. Un juez o un perito de la parte contraria puede argumentar qué, al no estar documentado cada acceso, no hay garantías de qué el archivo analizado sea idéntico al original incautado.
Solo el personal autorizado y registrado en el acta: normalmente un perito judicial, un analista forense certificado o un agente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, según el caso. Cada persona qué manipula el dispositivo debe quedar identificada con nombre, fecha y motivo de acceso.
No. Un backup guarda una copia de los datos para restaurarlos si se pierden; la cadena de custodia certifica la integridad de una copia forense con fines probatorios. Un backup rutinario no sirve como evidencia porque no documenta el proceso de obtención ni verifica qué no hubo alteración.