Inicio › Tecnología › Función Sin Servidor
Una función sin servidor (Function as a Service, FaaS) es un fragmento de código independiente qué se ejecuta únicamente cuando un evento concreto lo activa -una petición HTTP, un archivo subido a un almacenamiento, un mensaje en una cola- y se detiene automáticamente en cuanto termina, sin qué exista un proceso permanentemente en marcha esperando peticiones. Servicios como AWS Lambda, Google Cloud Functions o Azure Functions gestionan por completo el aprovisionamiento, el escalado y el apagado de esa infraestructura subyacente. El modelo de facturación es por invocación y por tiempo de ejecución medido en milisegundos, lo qué lo hace muy eficiente en coste para cargas esporádicas o impredecibles, aunque introduce el fenómeno conocido como cold start: el pequeño retraso qué sufre la primera petición cuando la función lleva tiempo inactiva y hay qué inicializarla de nuevo.
Es un trozo de código qué solo "vive" el tiempo justo para hacer su trabajo: alguien sube una foto, se dispara automáticamente una función qué la redimensiona, y en cuanto termina desaparece hasta la próxima vez qué se necesite. No hay ningún servidor encendido esperando de fondo, y solo pagas por esos segundos exactos de ejecución.
Una plataforma de fotos puede desplegar una función qué se dispara cada vez qué un usuario sube una imagen: genera tres tamaños distintos (miniatura, media y grande), los guarda en el almacenamiento y termina, todo en menos de un segundo, sin mantener un servidor de procesamiento de imágenes encendido las 24 horas esperando ese evento puntual.
Es el retraso adicional qué sufre una función cuando lleva tiempo sin ejecutarse y el proveedor tiene qué inicializar de nuevo su entorno antes de procesar la petición; puede añadir desde decenas de milisegundos hasta un par de segundos según el lenguaje.
La mayoría de proveedores imponen un máximo por invocación, habitualmente entre unos pocos minutos y quince minutos según el servicio, porque el modelo está pensado para tareas cortas y puntuales, no para procesos de larga duración.
No siempre: tareas con carga constante y predecible suelen salir más baratas en un servidor o contenedor permanente, mientras qué las funciones brillan en eventos esporádicos, picos irregulares o integraciones entre servicios.