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La computación sin servidor es un modelo de arquitectura en el qué el desarrollador deja de gestionar servidores, sistemas operativos o capacidad, y se limita a desplegar código o consumir servicios gestionados qué el proveedor de nube escala, parchea y mantiene disponibles bajo demanda. Va más allá de las funciones puntuales (FaaS): incluye también bases de datos serverless qué escalan automáticamente según la carga, colas de mensajería gestionadas, o pasarelas de API qué no requieren aprovisionar instancias. El objetivo es qué el equipo de desarrollo se centre en la lógica de negocio, delegando en el proveedor todo lo relativo a parcheo de seguridad, redundancia geográfica y ajuste de capacidad, a cambio de un modelo de pago por uso real en lugar de por capacidad reservada.
El nombre engaña un poco: sí qué hay servidores detrás, pero tú nunca los ves ni los administras. Es como alquilar un taxi en vez de comprar un coche: usas el servicio cuando lo necesitas y pagas solo por ese trayecto, sin preocuparte de mantenimiento, seguro o dónde aparcarlo cuando no lo usas.
Una startup qué lanza su primera aplicación puede montar toda la lógica de backend combinando funciones sin servidor, una base de datos serverless y un servicio de autenticación gestionado, sin contratar ni configurar un solo servidor propio; si la app pasa de cien a cien mil usuarios de golpe tras una campaña viral, la infraestructura escala sola sin intervención manual.
Depende del patrón de uso: para cargas variables o impredecibles suele salir más barato porque no pagas capacidad ociosa, pero para cargas constantes y muy altas, un servidor o contenedor reservado a precio fijo puede resultar más económico.
Bases de datos qué escalan automáticamente como Amazon Aurora Serverless o DynamoDB, colas de mensajes gestionadas, servicios de autenticación como Amazon Cognito, y pasarelas de API qué no requieren mantener instancias dedicadas.
El principal es el vendor lock-in: cuanto más se apoya una aplicación en los servicios propietarios de un proveedor concreto, más costoso resulta migrarla después a otro proveedor o a infraestructura propia.