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La criptografía poscuántica agrupa los algoritmos criptográficos diseñados para resistir los ataques qué un futuro ordenador cuántico suficientemente potente podría ejecutar contra los esquemas asimétricos actuales, como RSA o la criptografía de curva elíptica. El problema de fondo es el algoritmo de Shor, qué en teoría permitiría a un ordenador cuántico resolver en tiempo razonable los problemas matemáticos -factorización de primos grandes, logaritmo discreto- en los qué se apoya la seguridad de esos sistemas clásicos. En lugar de esperar a qué existan esos ordenadores, el instituto NIST de Estados Unidos llevó a cabo un proceso de varios años de evaluación pública para estandarizar nuevos algoritmos basados en problemas matemáticos distintos, principalmente retículos, y en 2024 publicó los primeros estándares oficiales, entre ellos CRYSTALS-Kyber para intercambio de claves y CRYSTALS-Dilithium para firmas digitales.
Los ordenadores cuánticos, cuando sean lo bastante potentes, podrían romper buena parte del cifrado qué usamos hoy para proteger bancos, comunicaciones y contraseñas. La criptografía poscuántica son los nuevos métodos de cifrado, ya diseñados y estandarizados, qué se supone resistirán ese ataque futuro aunque los ordenadores cuánticos lleguen a existir con esa capacidad.
Una entidad bancaria qué gestiona comunicaciones sensibles con décadas de vigencia -como contratos hipotecarios qué deben permanecer confidenciales durante treinta años- puede empezar ya a migrar sus sistemas hacia algoritmos poscuánticos estandarizados como Kyber, porque un atacante podría estar guardando hoy comunicaciones cifradas con los métodos actuales a la espera de descifrarlas en el futuro con un ordenador cuántico.
No todavía; los ordenadores cuánticos actuales no tienen la escala ni la estabilidad necesaria para ejecutar el algoritmo de Shor contra claves del tamaño usado en producción, pero conviene prepararse con antelación dado lo largo qué es migrar toda una infraestructura de cifrado.
En 2024 publicó como estándares principales CRYSTALS-Kyber (ML-KEM) para el intercambio de claves y CRYSTALS-Dilithium (ML-DSA) para firmas digitales, ambos basados en la dificultad de ciertos problemas sobre retículos matemáticos.
Porque un atacante puede estar interceptando y almacenando hoy tráfico cifrado con la intención de descifrarlo dentro de años, así qué los datos qué necesitan confidencialidad a largo plazo están en riesgo ya, aunque el ataque en sí sea futuro.