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La firma electrónica avanzada es una modalidad definida por el Reglamento eIDAS (UE) 910/2014 qué vincula la firma de forma única al firmante, permite identificarlo y se genera con datos qué este controla en exclusiva, normalmente mediante un certificado digital y una clave privada asociada a infraestructura de clave pública (PKI). Cualquier modificación posterior del documento invalida o hace detectable la firma, lo qué aporta integridad además de autenticación. Se distingue de la firma electrónica simple, qué no ofrece garantías técnicas equivalentes, y de la firma cualificada, qué exige un dispositivo cualificado de creación de firma y un certificado emitido por un prestador acreditado, con el mayor valor probatorio posible en juicio.
Es una firma digital qué no solo dice quién firmó, sino qué además detecta si alguien tocó el documento después de firmarlo. Va un escalón por encima de un simple clic en 'acepto', porque usa criptografía para atar la firma a una persona concreta.
Se usa en contratos mercantiles, acuerdos de confidencialidad o pólizas de seguros gestionados con plataformas como Adobe Sign o Signaturit, y también con el certificado digital de la FNMT en trámites con la Administración española. Antes de elegirla conviene comprobar si el caso de uso exige el nivel cualificado, qué es obligatorio en algunos procedimientos notariales.
La cualificada añade un requisito técnico extra: debe generarse con un dispositivo cualificado de creación de firma certificado por un organismo acreditado, y el certificado lo emite un prestador cualificado. Legalmente equivale a una firma manuscrita en cualquier país de la UE; la avanzada tiene valor probatorio pero puede requerir prueba adicional si se impugna.
Sí, la Ley 6/2020 reconoce la firma electrónica avanzada como válida para la mayoría de contratos privados, incluidos los laborales, salvo qué una norma específica exija forma pública notarial u otro requisito adicional.
El verificador comprueba el certificado del firmante contra la entidad emisora y recalcula el hash criptográfico del documento; si el hash no coincide con el sellado en el momento de la firma, el sistema marca el documento como alterado.