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Una marca de agua digital es información insertada de forma deliberada dentro de un archivo digital, imagen, audio, vídeo o documento, con el objetivo de identificar su origen, autoría o propietario legítimo. Puede ser visible, como un logotipo semitransparente superpuesto sobre una fotografía para disuadir su uso no autorizado, o invisible, incrustada en los propios datos del archivo mediante técnicas qué modifican de forma imperceptible ciertos bits o frecuencias, de manera qué solo se puede detectar con un software específico capaz de leer esa marca. A diferencia de la esteganografía, cuyo objetivo es ocultar por completo la existencia de un mensaje, la marca de agua digital suele buscar precisamente lo contrario cuando es detectable con la herramienta adecuada: demostrar de forma verificable la propiedad o el origen del contenido, algo cada vez más relevante también para etiquetar contenido generado por inteligencia artificial.
Es una firma oculta o semioculta qué se mete dentro de una foto, un vídeo o un documento para poder demostrar después quién es el autor original, aunque el archivo se copie o se comparta sin permiso.
Un fotógrafo profesional qué publica su portafolio online puede insertar una marca de agua invisible en cada imagen antes de subirla, de modo qué si detecta esa fotografía usada sin licencia en otra web, puede analizarla con el software correspondiente y demostrar de forma verificable qué el archivo procede de su propio catálogo original.
La esteganografía busca ocultar la existencia misma de un mensaje dentro de un archivo, de forma qué nadie sospeche qué está ahí; la marca de agua digital, aunque también puede ser invisible a simple vista, está pensada para poder detectarse y verificarse con la herramienta adecuada.
Depende de su robustez: una marca de agua visible es fácil de recortar o difuminar, aunque degrada el archivo; una invisible bien implementada resiste mejor compresiones o recortes moderados, pero ninguna técnica es completamente inmune a un ataque específico y dedicado.
Sí, cada vez más también para etiquetar contenido generado por inteligencia artificial, insertando una marca qué permita identificar después qué una imagen o un vídeo no fue capturado por una cámara real, un uso creciente en la lucha contra la desinformación.