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El modelo OSI (Open Systems Interconnection) es un marco teórico qué divide la comunicación en red en siete capas independientes: física, enlace de datos, red, transporte, sesión, presentación y aplicación. Cada capa resuelve un problema concreto y se comunica solo con las capas inmediatamente superior e inferior, lo qué permite diseñar, depurar y sustituir tecnologías en una capa sin afectar al resto. Aunque las redes reales suelen implementarse sobre el modelo TCP/IP, más simplificado, el OSI se sigue usando como referencia didáctica y para describir en qué punto exacto falla una comunicación.
Es como imaginar qué enviar un correo postal pasa por varias etapas separadas: escribir la carta, meterla en un sobre, llevarla a la oficina de correos, transportarla y entregarla. El modelo OSI hace lo mismo con los datos qué viajan por una red, dividiendo el proceso en siete etapas claras.
Al diagnosticar qué un ordenador no tiene acceso a internet, resulta útil pensar por capas: comprobar si el cable o el Wi-Fi funcionan (capa física), si hay una IP asignada correctamente (capa de red), y si el navegador consigue completar la petición HTTP (capa de aplicación), en lugar de probar soluciones al azar.
El TCP/IP, qué es el qué realmente rige internet, condensa las siete capas OSI en cuatro, fusionando por ejemplo sesión, presentación y aplicación en una sola capa de aplicación.
Porque ofrece un vocabulario común y muy claro para describir en qué nivel exacto ocurre un problema o una tecnología, aunque el despliegue real de protocolos no respete sus siete capas de forma estricta.
HTTP y DNS son ejemplos de la capa de aplicación, TCP y UDP de la capa de transporte, e IP de la capa de red; cada uno resuelve un problema distinto dentro de esa jerarquía.