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La castración felina es la intervención quirúrgica que consiste en extirpar los órganos reproductores del gato, los testículos en el macho mediante orquiectomía y los ovarios, con o sin útero, en la hembra mediante ovariectomía u ovariohisterectomía, con el objetivo de impedir la reproducción y modular determinados comportamientos hormonales.
Se trata de una cirugía habitual en la práctica veterinaria, realizada bajo anestesia general, de duración breve y con un postoperatorio generalmente sencillo, que suele recomendarse a partir de los cinco o seis meses de edad, antes de la primera pubertad, aunque puede realizarse en gatos adultos de cualquier edad tras una valoración clínica previa.
Además de evitar camadas no deseadas, la castración felina reduce comportamientos asociados a las hormonas sexuales, como el marcaje con orina, las peleas territoriales, las escapadas en busca de pareja y el maullido insistente durante el celo, al tiempo que disminuye el riesgo de determinadas enfermedades reproductivas y algunos tipos de tumores.
En palabras sencillas, la castración felina es una operación sencilla que le quita al gato la capacidad de tener hijos, y que además suele calmar comportamientos molestos como marcar con pipí, escaparse de casa o pelearse con otros gatos por buscar pareja.
Para llevar a cabo la castración felina conviene acudir a una clínica veterinaria de confianza, seguir el ayuno previo indicado antes de la anestesia, respetar el reposo y la limpieza de la herida durante los días posteriores, evitar que el gato se lama la zona con un collar isabelino si es necesario, y acudir a la revisión de control cuando el veterinario lo indique.
La mayoría de los veterinarios recomienda realizar la castración felina entre los cinco y los seis meses de edad, antes de que el gato alcance la madurez sexual, aunque también puede practicarse en gatos adultos tras la valoración clínica pertinente.
El procedimiento en sí no engorda, pero al reducirse el gasto energético asociado a las hormonas sexuales y la actividad relacionada con la búsqueda de pareja, el gato castrado tiende a necesitar menos calorías, por lo que conviene ajustar la ración de alimento tras la operación.
En los machos la recuperación suele ser de dos a tres días, mientras que en las hembras, al tratarse de cirugía abdominal, el proceso completo de cicatrización requiere entre siete y diez días, con reposo relativo y vigilancia de la herida durante ese periodo.