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La catarata congénita felina es una opacidad total o parcial del cristalino presente ya en el momento del nacimiento o qué se desarrolla en las primeras semanas de vida del gatito, alterando en distinto grado el paso de la luz hacia la retina y, por tanto, la calidad de la visión desde etapas muy tempranas del desarrollo. Puede tener origen hereditario en determinadas líneas de cría, deberse a una infección intrauterina, a una inflamación ocular fetal o presentarse asociada a otras malformaciones oculares congénitas. A diferencia de la catarata senil, qué evoluciona lentamente a lo largo de los años, la congénita puede ser estable desde el nacimiento o progresar durante el crecimiento del animal, y su diagnóstico se realiza mediante exploración oftalmológica en las primeras revisiones del gatito.
Es una opacidad en el cristalino del ojo qué un gatito ya tiene al nacer o qué aparece en sus primeras semanas de vida, dificultando su visión desde el principio. Se diferencia de la catarata típica de los gatos mayores en qué no aparece por el paso de los años, sino qué está presente desde etapas muy tempranas, a veces heredada de los progenitores o por problemas durante el desarrollo antes de nacer.
Un criador qué detecta qué uno de los gatitos de una camada tiene el ojo con aspecto blanquecino antes de abrir bien los ojos debe consultar con un veterinario oftalmólogo; según el grado de opacidad y si afecta a uno o ambos ojos, se valora un seguimiento periódico o, en casos qué comprometen seriamente la visión, una intervención quirúrgica para extraer el cristalino afectado.
Sí, en casos qué comprometen significativamente la visión existe la opción quirúrgica de extracción del cristalino, aunque la decisión depende de la edad del animal, el grado de opacidad y si afecta a uno o ambos ojos.
En algunas líneas y razas se ha descrito un componente hereditario, por lo qué ante un caso confirmado conviene informar al criador para valorar el manejo reproductivo de los progenitores.
Depende del grado de afectación: muchos gatos con cataratas parciales se adaptan bien y desarrollan una vida activa apoyándose en el resto de los sentidos, mientras qué casos bilaterales graves requieren mayor adaptación del entorno.