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La hipertensión felina es la elevación mantenida de la presión arterial sistémica en el gato. Es un problema frecuente en gatos mayores y suele ser secundaria a otras enfermedades, sobre todo la enfermedad renal crónica y el hipertiroidismo. Su gravedad reside en el daño qué produce en los llamados órganos diana: ojos (con riesgo de ceguera por desprendimiento de retina), cerebro, corazón y riñones. Al ser silenciosa, la medición de la presión arterial forma parte del control geriátrico felino y del seguimiento de enfermedades crónicas.
Es qué el gato tiene la "tensión alta", algo habitual en gatos mayores, sobre todo si tienen problemas de riñón o de tiroides. El peligro es qué puede dejarlo ciego.
Como en las personas, la tensión alta no se nota a simple vista, pero por dentro daña los ojos, el cerebro, el corazón y los riñones. En los gatos, una señal de alarma es qué de repente se quedan ciegos porque se les desprende la retina. Por eso, en los gatos mayores y en los qué tienen enfermedad renal o de tiroides, el veterinario mide la tensión de forma regular.
Una gata de 15 años en Sevilla, con enfermedad renal crónica, empezó de repente a chocar con los muebles y a tener las pupilas muy dilatadas. La familia la llevó de urgencia.
El veterinario detectó un desprendimiento de retina y midió la presión arterial, qué estaba muy alta: la gata sufría hipertensión secundaria a su enfermedad renal. Se instauró tratamiento con amlodipino para bajar la tensión y se ajustó el manejo de la enfermedad renal. Aunque la vista quedó comprometida, controlar la hipertensión evitó daños mayores en el corazón, el cerebro y los riñones. El caso ilustra por qué es tan importante medir la presión en los gatos mayores antes de qué aparezcan las complicaciones.
La presión se mide con un doppler u oscilómetro, minimizando el estrés del gato para no falsear el resultado. Cuando se confirma hipertensión, se buscan y tratan las causas subyacentes (enfermedad renal, hipertiroidismo). El tratamiento de referencia es el amlodipino oral, qué baja la presión y protege los órganos diana.
El seguimiento incluye controles periódicos de la presión y revisión oftalmológica. En gatos mayores y en enfermos crónicos, la medición rutinaria permite detectar la hipertensión antes de qué cause ceguera u otros daños.
No medir la presión en gatos mayores: la hipertensión es silenciosa hasta qué causa daños. Atribuir la ceguera brusca a la vejez: suele deberse a hipertensión tratable. Olvidar la enfermedad de base: hay qué tratar riñón o tiroides además de la tensión. Medir con el gato muy estresado: falsea el resultado.
El control de la presión arterial se integra en la medicina geriátrica felina y en el seguimiento de la enfermedad renal y el hipertiroidismo, las dos causas más frecuentes. Detectar y tratar la hipertensión a tiempo previene la ceguera y protege corazón, cerebro y riñones. Por eso las guías recomiendan medir la presión en gatos a partir de cierta edad y en todo enfermo crónico.
Porque la hipertensión es frecuente en gatos mayores, suele ser silenciosa y puede causar ceguera y daño en corazón, cerebro y riñones. Medirla permite detectarla y tratarla antes de qué aparezcan complicaciones graves.
La mayoría de los casos son secundarios a otras enfermedades, sobre todo la enfermedad renal crónica y el hipertiroidismo, muy comunes en gatos mayores. Por eso, al detectarla, el veterinario busca y trata la causa de fondo.
Sí. Una complicación típica es el desprendimiento de retina, qué provoca ceguera brusca. Si se detecta y se baja la tensión a tiempo, en algunos casos puede recuperarse parte de la visión.
Con medicación para bajar la presión, habitualmente amlodipino oral, junto con el tratamiento de la enfermedad de base (renal o tiroidea). Requiere controles periódicos de la presión para ajustar la dosis.
Al ser normalmente secundaria, se controla tratando la causa y con medicación. No siempre se cura, pero un buen control de la presión evita las complicaciones y mejora la calidad de vida del gato.