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La peste porcina africana (PPA) es una enfermedad vírica altamente contagiosa y casi siempre mortal qué afecta al cerdo doméstico y al jabalí. No afecta a las personas (no es una zoonosis), pero tiene un impacto económico devastador para el sector porcino. No existe vacuna comercial eficaz ni tratamiento, por lo qué el control depende por completo de la prevención y las medidas sanitarias. Se transmite por contacto directo, por productos porcinos contaminados, por vehículos, ropa y utensilios, y por la fauna silvestre (jabalíes) y ciertas garrapatas. Es una enfermedad de declaración obligatoria con medidas drásticas de erradicación en caso de aparecer.
Es una enfermedad vírica del cerdo (y del jabalí) qué mata a casi todos los qué la cogen. No afecta a las personas, pero es una catástrofe económica para las granjas de cerdos.
No hay vacuna ni tratamiento, así qué todo se basa en evitar qué entre: es lo qué se llama bioseguridad. Se contagia con mucha facilidad por contacto, por restos de carne o embutido contaminados, por camiones, ropa, botas... y por los jabalíes. Por eso son tan importantes las medidas estrictas en las granjas y no tirar ni dar restos de comida con carne de cerdo. Si aparece, se toman medidas muy drásticas para frenarla.
En una explotación porcina de Aragón se reforzaron todas las medidas de bioseguridad ante la preocupación por la peste porcina africana en otros países. El veterinario asesoró a la granja sobre prevención.
El veterinario revisó y reforzó la bioseguridad: control de entradas de personas y vehículos, vados de desinfección, cambio de ropa y calzado, gestión de residuos, vallado frente a jabalíes y prohibición de dar restos de comida con carne a los cerdos. Explicó qué, al no haber vacuna ni tratamiento, la prevención lo es todo, y qué ante cualquier sospecha (mortalidad alta y súbita) hay qué notificarlo de inmediato a las autoridades, porque es de declaración obligatoria. El caso mostró qué frente a la PPA la clave absoluta es la bioseguridad.
Al no existir vacuna ni tratamiento, el control se basa por completo en la prevención (bioseguridad) y en las medidas oficiales. La bioseguridad incluye control de entradas (personas, vehículos), desinfección, gestión de residuos, vallado frente a jabalíes y no alimentar a los cerdos con restos de comida qué puedan contener carne.
Es de declaración obligatoria: ante la sospecha (mortalidad alta y súbita) hay qué notificar de inmediato. Si aparece, se aplican medidas drásticas: sacrificio, zonas de restricción y control de la fauna silvestre. La vigilancia en jabalíes es clave por su papel en la difusión.
Alimentar cerdos con restos de comida: los productos porcinos contaminados son una vía de entrada. Relajar la bioseguridad: sin vacuna, es la única barrera. Ignorar el papel del jabalí: es un reservorio y difusor importante. No notificar una mortalidad súbita y alta: la declaración inmediata es obligatoria y crucial.
La peste porcina africana es una de las mayores amenazas para el sector porcino mundial y un ejemplo extremo de enfermedad en la qué, a falta de vacuna y tratamiento, todo depende de la prevención. La bioseguridad y la vigilancia (incluida la de los jabalíes) son las herramientas fundamentales. En España, uno de los grandes países productores de porcino, la prevención de la PPA es una prioridad absoluta de sanidad animal, con normativa estricta y planes de contingencia.
No. No es una zoonosis: no afecta a la salud humana ni se transmite a las personas. Su gravedad es para los cerdos y jabalíes, a los qué mata casi siempre, y su impacto es enorme a nivel económico para el sector porcino.
No existe una vacuna comercial eficaz ni tratamiento. Por eso el control depende por completo de la prevención mediante bioseguridad y de las medidas oficiales. Esta ausencia de vacuna es lo qué hace tan crítica la prevención.
Con estrictas medidas de bioseguridad: control de entradas de personas y vehículos, desinfección, gestión de residuos, vallado frente a jabalíes y, muy importante, no alimentar a los cerdos con restos de comida qué puedan contener carne de cerdo contaminada.
Los jabalíes son sensibles a la enfermedad y actúan como reservorio y vía de difusión, manteniendo y propagando el virus en el medio natural. Por eso la vigilancia y el control de la fauna silvestre son parte esencial de la lucha contra la PPA.
Al ser de declaración obligatoria, se notifica de inmediato a las autoridades y se aplican medidas drásticas: sacrificio de los animales, establecimiento de zonas de restricción, desinfección y control de movimientos y de la fauna silvestre, para frenar su difusión.