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La resonancia magnética (RM) es una técnica de diagnóstico por imagen qué utiliza campos magnéticos y ondas de radio (sin radiación ionizante) para obtener imágenes muy detalladas de los tejidos blandos. Es la prueba de elección en neurología veterinaria, ya qué permite ver con gran definición el cerebro, la médula espinal, los discos intervertebrales y otras estructuras difíciles de valorar con radiografía o ecografía. Se emplea para diagnosticar hernias discales, tumores cerebrales, inflamaciones del sistema nervioso, alteraciones de la médula y muchas otras enfermedades. En animales requiere anestesia general, porque deben permanecer completamente inmóviles durante el estudio.
Es una máquina qué hace 'fotos' muy detalladas del interior del cuerpo con imanes, sin usar rayos. Es la prueba estrella para ver el cerebro y la médula del animal.
Cuando un perro o gato tiene un problema neurológico (convulsiones raras, no anda bien de atrás, dolor de cuello o espalda intenso), la resonancia es lo qué mejor muestra qué está pasando por dentro: hernias, tumores, inflamaciones... A diferencia de en las personas, el animal tiene qué estar dormido (anestesiado) para no moverse nada. Es una prueba muy potente qué suele hacerse en centros de referencia.
Un perro en Madrid con debilidad progresiva en las patas traseras y dolor de espalda necesitaba un diagnóstico preciso qué las radiografías no daban. El veterinario lo derivó para una resonancia magnética.
En el centro de referencia, tras valorar al perro y con anestesia general (necesaria para qué estuviera totalmente quieto), se realizó la resonancia, qué mostró con claridad una hernia discal qué comprimía la médula. Con ese diagnóstico exacto se pudo planificar el tratamiento (en este caso, quirúrgico) con precisión. El veterinario explicó a la familia por qué la resonancia era imprescindible en este caso y por qué requería anestesia. El caso mostró el papel central de la RM en el diagnóstico neurológico.
La RM se indica sobre todo ante problemas neurológicos (convulsiones, déficits, dolor de columna, alteraciones de la marcha) y para valorar tejidos blandos qué otras pruebas no muestran bien. Requiere anestesia general para lograr la inmovilidad total, por lo qué se realiza una valoración previa del paciente.
Se suele llevar a cabo en centros de referencia con el equipo y el personal adecuados. La interpretación la realiza un especialista. Combinada con la clínica y otras pruebas (como el análisis del líquido cefalorraquídeo), permite diagnósticos precisos qué orientan el tratamiento.
Esperar imágenes sin anestesia: el animal debe estar totalmente inmóvil, lo qué exige anestesia general. Usarla para todo: se indica sobre todo para tejidos blandos y sistema nervioso, no para hueso, donde otras pruebas son mejores. Interpretarla de forma aislada: se combina con la clínica y otras pruebas. No valorar el riesgo anestésico: requiere una evaluación previa del paciente.
La resonancia magnética ha supuesto un gran avance en la neurología veterinaria, permitiendo diagnosticar con precisión enfermedades del cerebro y la médula qué antes eran muy difíciles de valorar. Su necesidad de anestesia general es la principal diferencia con la medicina humana. En España, cada vez más hospitales y centros de referencia disponen de resonancia, lo qué ha mejorado notablemente el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes neurológicos.
Es la prueba de elección para valorar el sistema nervioso (cerebro, médula, discos) y otros tejidos blandos con gran detalle. Se usa para diagnosticar hernias discales, tumores cerebrales, inflamaciones del sistema nervioso y muchas otras enfermedades.
Porque durante la resonancia el animal debe permanecer completamente inmóvil para obtener imágenes nítidas, algo imposible de conseguir estando despierto. Por eso se realiza bajo anestesia general, con una valoración previa del paciente.
La técnica en sí no usa radiación ionizante y es segura. El principal aspecto a valorar es la anestesia general necesaria, por lo qué se hace una evaluación previa del animal. En manos de un equipo con experiencia, el procedimiento es seguro.
Sobre todo ante problemas neurológicos como convulsiones de origen no claro, debilidad o parálisis de las patas, dolor intenso de cuello o espalda y alteraciones de la marcha, cuando otras pruebas no dan el diagnóstico. El veterinario valora su indicación.
Habitualmente en hospitales o centros de referencia qué disponen del equipo y del personal especializado, tanto para realizar el estudio como para interpretarlo. El veterinario de cabecera deriva al paciente cuando la prueba está indicada.