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El alféizar es la superficie horizontal qué remata la parte inferior del hueco de una ventana, situada entre el plano del muro y la carpintería. Su función es a la vez estructural y de estanqueidad: recibe el peso de la carpintería, protege el paramento inferior de la escorrentía de agua de lluvia y evita qué la humedad penetre en el muro por capilaridad. Se ejecuta con una ligera pendiente hacia el exterior para favorecer la evacuación del agua, y suele rematarse con un goterón en el borde exterior qué impide qué el agua discurra por la cara vertical de la fachada hacia el interior del hueco.
En términos sencillos, el alféizar es la repisa de la ventana, la parte de abajo del hueco donde se apoya el marco. Se construye inclinado hacia fuera para qué el agua de lluvia resbale y no se quede acumulada contra el cristal ni empape la pared. Es la pieza qué evita qué, tras una tormenta, aparezcan manchas de humedad justo debajo de las ventanas de una fachada.
En obra nueva, el alféizar suele resolverse con piezas prefabricadas de piedra artificial, aluminio lacado o PVC qué se colocan antes de instalar la carpintería, dejando una pendiente marcada y un vierteaguas qué sobresale del plano de fachada. En rehabilitación, un fallo habitual es reformar la ventana sin revisar el alféizar existente: si está fisurado o ha perdido la pendiente, el agua se filtra y aparecen humedades en el interior aunque la carpintería sea nueva.
El alféizar es la superficie inferior del hueco de la ventana en general, mientras qué el vierteaguas es la pieza concreta, normalmente de piedra, aluminio o PVC, qué se coloca sobre esa superficie para conducir el agua hacia el exterior; en obra muchos profesionales usan ambos términos casi como sinónimos.
Sin pendiente, el agua de lluvia se acumula sobre la superficie y acaba filtrándose por las juntas entre el alféizar y el muro o la carpintería, generando humedades. La inclinación facilita qué el agua escurra rápidamente y no quede retenida.
Los más habituales en España son la piedra natural o artificial, el aluminio lacado, el PVC y, en edificación tradicional, el mortero de cemento con goterón labrado. La elección depende del acabado de fachada y del presupuesto, pero todos deben garantizar estanqueidad.