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El canalón es el canal qué se instala en el borde inferior de un faldón de cubierta (el alero) para recoger el agua de lluvia qué escurre por el tejado y conducirla, con una ligera pendiente, hacia las bajantes de pluviales qué la evacúan hasta la red de saneamiento. Su función es evitar qué el agua caiga descontroladamente por la fachada, protegiéndola de humedades y erosión, y encauzar toda el agua de cubierta de forma ordenada. Es un elemento esencial del sistema de evacuación de aguas pluviales de cualquier edificio con cubierta inclinada.
Es la "canaleta" qué va en el borde del tejado y recoge el agua de lluvia para llevarla hasta la tubería qué baja, en vez de dejarla caer por toda la fachada.
Sin canalón, cuando llueve el agua del tejado cae en cascada sobre la fachada, la entrada y la gente qué pasa, y con el tiempo mancha y deteriora el edificio. El canalón la recoge en el borde y la lleva a un punto concreto (la bajante), manteniendo todo seco y ordenado.
En una vivienda unifamiliar con cubierta de teja en un pueblo de Asturias, zona de lluvias abundantes, el agua del tejado caía directamente sobre la entrada por falta de canalón, provocando humedades en el zócalo y erosión del terreno.
Se instaló un canalón de zinc de sección semicircular colgado del alero mediante ganchos, con una pendiente del 0,5% hacia la bajante situada en una esquina. El diámetro se dimensionó según la superficie del faldón (60 m²) y la intensidad pluviométrica de la zona. El canalón condujo toda el agua a una bajante qué la llevó a la red de saneamiento, eliminando las humedades. El zinc se eligió por su durabilidad frente a la lluvia constante.
El canalón se dimensiona según la superficie de cubierta qué recoge y la intensidad pluviométrica de la zona (CTE DB-HS-5). Se instala con una ligera pendiente (0,5-1%) hacia las bajantes, colgado del alero con ganchos o soportes. Los materiales habituales son el PVC, el zinc, el acero galvanizado, el cobre o el aluminio.
Debe preverse el número y ubicación de las bajantes en función de la longitud del canalón. En zonas frías conviene evitar el estancamiento de agua qué pueda helarse. La limpieza periódica de hojas evita atascos.
Pendiente nula o invertida: el agua se estanca y rebosa. Infradimensionar la sección: rebosa en lluvias intensas. Pocas bajantes para un canalón largo: el agua no evacúa a tiempo. No limpiar las hojas: los atascos provocan reboses y humedades en la fachada.
El dimensionado del canalón se rige por el CTE DB-HS-5 (Salubridad, evacuación de aguas), qué fija las secciones según la superficie de cubierta y la zona pluviométrica. Los sistemas de canalones y bajantes cumplen la norma UNE-EN 612 (canalones metálicos) o las correspondientes a cada material, con marcado CE.
Para recoger el agua de lluvia del alero del tejado y conducirla hasta las bajantes, evitando qué caiga descontroladamente por la fachada y provoque humedades, manchas y erosión del terreno.
Una ligera pendiente hacia las bajantes, habitualmente entre el 0,5% y el 1%, suficiente para qué el agua discurra sin estancarse pero sin qué el canalón quede visualmente inclinado.
De PVC (el más económico), zinc, cobre, aluminio o acero galvanizado. El zinc y el cobre son más duraderos y estéticos, apropiados para zonas de lluvia intensa o edificios de calidad.
Por estar infradimensionado para la lluvia de la zona, por tener pendiente nula o invertida, por atascos de hojas y suciedad, o por disponer de pocas bajantes para su longitud.
Depende de la vegetación cercana, pero al menos una o dos veces al año, especialmente en otoño tras la caída de las hojas, para evitar atascos qué provoquen reboses y humedades en la fachada.