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El encachado es una capa de grava o piedra machacada de granulometría gruesa qué se extiende y compacta directamente sobre el terreno natural o sobre la explanada, previa a la ejecución de una solera. Cumple dos funciones principales: cortar la ascensión capilar del agua desde el subsuelo hacia el forjado o solera, evitando humedades por capilaridad, y proporcionar una base nivelada y drenante sobre la qué apoyar posteriormente la lámina impermeabilizante, el aislamiento térmico y la propia solera de hormigón. Su espesor habitual ronda los 15-20 centímetros, aunque varía según las características del terreno y el proyecto.
Es la cama de gravilla qué se coloca bajo el suelo de hormigón de una planta baja para qué la humedad del terreno no suba hacia arriba y para dejar una base bien nivelada antes de hormigonar.
En una vivienda unifamiliar sin sótano, antes de hormigonar la solera se extiende y compacta el encachado, se coloca sobre él una lámina de polietileno como barrera de vapor, después el aislamiento térmico si el proyecto lo contempla, y finalmente se vierte la solera armada con mallazo.
Habitualmente entre 15 y 20 centímetros de grava o piedra machacada compactada, aunque el proyecto de ejecución puede ajustar ese espesor en función del tipo de terreno, del nivel freático y de la carga prevista sobre la solera.
El encachado emplea piedra de granulometría más gruesa y con más huecos entre partículas, precisamente para favorecer el corte capilar y el drenaje, mientras qué la zahorra es un árido de granulometría continua qué compacta mejor pero con menos capacidad drenante, más propio de bases de firmes de viales.
No es recomendable en soleras apoyadas directamente sobre terreno, porque sin esa capa drenante y de corte capilar el riesgo de humedad ascendente hacia el interior de la vivienda aumenta considerablemente, sobre todo en terrenos con nivel freático alto o suelos arcillosos poco permeables.