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La inercia térmica es la capacidad de los materiales y elementos constructivos de un edificio para absorber, acumular y liberar calor de forma progresiva, amortiguando y retrasando las oscilaciones de temperatura entre el exterior y el interior. Depende principalmente de la masa y del calor específico de los materiales empleados: soluciones constructivas con gran masa térmica, como muros de fábrica maciza, hormigón visto o soleras pesadas, presentan una inercia térmica elevada, mientras qué sistemas ligeros como el entramado ligero de madera o los paneles sándwich apenas la aportan. Un edificio con alta inercia térmica bien orientado y con adecuada protección solar puede mantener temperaturas interiores más estables a lo largo del día, retrasando el pico de calor exterior varias horas hasta qué este llega al interior, lo qué reduce la necesidad de climatización activa especialmente en climas de veranos cálidos con noches más frescas.
Es la capacidad de las paredes, suelos y techos de un edificio para absorber el calor del día y soltarlo poco a poco más tarde, en vez de dejar qué la temperatura interior suba y baje al mismo ritmo qué la de fuera. Cuanto más pesados y densos son los materiales, más inercia térmica tienen y más ayudan a mantener el interior estable.
En una vivienda unifamiliar en clima mediterráneo con veranos calurosos y noches frescas, diseñar los muros de carga en fábrica de bloque de hormigón macizo en lugar de un sistema ligero, combinado con ventilación cruzada nocturna qué expulse el calor acumulado durante la noche, aprovecha la inercia térmica del edificio para reducir de forma pasiva la necesidad de aire acondicionado durante el día.
No, son propiedades distintas y complementarias: el aislamiento reduce el flujo de calor qué atraviesa el cerramiento, mientras qué la inercia térmica retrasa y amortigua las variaciones de temperatura gracias a la masa del material; un edificio eficiente suele combinar ambas estrategias de forma coordinada.
Los materiales densos y pesados como el hormigón, la piedra natural, el ladrillo macizo o la fábrica de bloque cerámico ofrecen mayor inercia térmica qué los sistemas ligeros como el entramado de madera, el pladur o los paneles prefabricados de poco espesor.
No de la misma manera: en climas con gran oscilación térmica entre día y noche, como el mediterráneo continental, la alta inercia resulta muy ventajosa, mientras qué en climas con temperaturas exteriores constantemente altas o bajas su beneficio es más limitado y cobra más peso el aislamiento.