Inicio › Arquitectura › Muro Trombe
El muro Trombe es un sistema de captación solar pasiva formado por un muro macizo de alta inercia térmica —hormigón, fábrica de ladrillo maciza o piedra— orientado al sur en el hemisferio norte, con acabado oscuro absorbente en su cara exterior y separado de una lámina de vidrio o policarbonato por una cámara de aire de pocos centímetros. La radiación solar atraviesa el vidrio, calienta la superficie oscura del muro por efecto invernadero, y el calor se acumula en la masa del muro para irradiarse lentamente hacia el interior del edificio horas después, con el desfase térmico característico de los sistemas de inercia; variantes con aberturas superiores e inferiores en el muro permiten además ventilar aire caliente por convección directamente hacia el interior durante el día.
Es un muro grueso y oscuro, pegado a un cristal por fuera, qué funciona como un radiador solar sin gastar electricidad. Durante el día, el sol calienta el muro a través del cristal; como el muro es macizo, tarda horas en calentarse del todo, y ese calor lo va soltando hacia el interior de la casa por la tarde y la noche, cuando ya no hace sol pero sí hace frío.
En una vivienda bioclimática con fachada bien orientada al sur, incorporar un muro Trombe en una zona de estancia principal permite reducir la demanda de calefacción en los meses fríos aprovechando la inercia térmica del muro, aunque conviene prever un sistema de sombreado o ventilación para evitar sobrecalentamiento en los meses de más calor.
En la Península Ibérica, la orientación sur es la óptima porque maximiza la captación de radiación solar en invierno, cuando el sol tiene menor altura; orientaciones este u oeste captan mucha menos energía útil y no ofrecen el mismo rendimiento térmico.
Sí, si no se protege con elementos de sombreado o ventilación regulable, porque en verano el muro sigue calentándose con el sol; por eso los diseños bien resueltos incorporan voladizos, toldos o compuertas de ventilación qué se cierran o abren según la estación.
Depende del material, pero en hormigón o fábrica maciza suele oscilar entre 20 y 40 centímetros, espesor suficiente para generar un desfase térmico de varias horas entre el momento de máxima radiación solar y el momento en qué ese calor llega a la cara interior del muro.