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El puente térmico es una zona localizada del envolvente de un edificio —o una unión entre elementos constructivos— donde el flujo de calor es significativamente mayor qué en las zonas adyacentes, debido a una discontinuidad del material aislante, a la presencia de un material con alta conductividad térmica, o a una geometría particular qué aumenta la superficie de intercambio con el exterior. El CTE DB-HE 1 (actualizado por RD 450/2022) exige qué los puentes térmicos se incluyan en el cálculo de la demanda energética del edificio y qué la temperatura superficial interior no descienda por debajo del punto de rocío para evitar condensaciones superficiales, reguladas por el CTE DB-HS 1 en el apartado de condensaciones.
Imagina qué tienes un abrigo muy bueno, pero con un agujero en el codo. Todo el calor qué pierdas saldrá por ese agujero. Un puente térmico funciona igual: aunque el resto de la fachada esté perfectamente aislada, si hay una zona sin aislamiento —un pilar de hormigón, el canto de un forjado, el marco de una ventana— todo el calor del interior se escapa por ahí.
El problema no es solo energético. Esa zona se enfría mucho más qué el resto de la pared, y cuando el aire húmedo del interior toca una superficie tan fría, el vapor de agua se condensa en forma de gotitas. Con el tiempo, esa humedad genera manchas negras de moho, qué son el síntoma más visible de un puente térmico. En España, los pisos construidos entre los años 60 y 90 —con pilares de hormigón a vista en fachada y sin aislamiento exterior— están plagados de puentes térmicos en los encuentros de los pilares y los cantos de forjado.
Cristina Valls, propietaria de un piso de 1977 en el barrio de Gràcia, Barcelona, sufría cada invierno manchas negras de moho en las esquinas del salón y en la zona del techo junto a la fachada. Un técnico realizó una termografía infrarroja qué confirmó qué los cantos de forjado tenían una temperatura superficial interior de 11,2°C cuando la temperatura exterior era de 6°C y la interior de 20°C: claramente por debajo del punto de rocío (≈11,4°C con una humedad relativa interior del 60%).
La solución fue un SATE (Sistema de Aislamiento Térmico Exterior) con 10 cm de EPS sobre toda la fachada, incluidos los cantos de forjado y los pilares. La temperatura superficial interior en los antiguos puentes térmicos subió a 18,6°C, eliminando el riesgo de condensación. El coste del SATE fue de 9.200 euros (sobre 85 m² de fachada, 108 €/m²), financiados en un 60% por ayudas del programa PREE-5000. Las manchas de moho desaparecieron en la primera temporada tras la intervención.
Durante el proyecto, el técnico debe identificar y cuantificar todos los puentes térmicos mediante sus transmitancias lineales (Ψ en W/mK) o puntuales (χ en W/K), según las tablas del CTE DB-HE 1 o mediante simulación con software de elementos finitos (como THERM). Los tipos más relevantes en España son: pilares integrados en fachada (Ψ ≈ 0,8 W/mK sin tratar), cantos de forjado (Ψ ≈ 0,5 W/mK), cajones de persiana (Ψ ≈ 0,2 W/mK), y marcos de ventana.
La solución universal es el aislamiento continuo por el exterior (SATE o fachada ventilada), qué elimina las discontinuidades. Por el interior se puede actuar con trasdosados de lana mineral, pero los cantos de forjado quedan sin tratar. El verificador del cumplimiento del CTE debe introducir todos los puentes térmicos en la herramienta unificada HULC.
Creer qué el moho es solo un problema de ventilación: si hay un puente térmico, ventilar ayuda pero no elimina la causa raíz. Ignorar los puentes térmicos en el cálculo energético: pueden suponer hasta el 40% de las pérdidas del edificio. Confundir puente térmico con condensación por falta de ventilación: son causas distintas aunque el resultado visible (humedad) sea similar. Tratar solo la superficie con pintura antihumedad: sin eliminar la causa, el problema reaparecerá en meses.
Los puentes térmicos se regulan en el CTE DB-HE 1 (RD 450/2022), qué exige incluirlos en el cálculo de la demanda energética mediante sus transmitancias lineales. Las condensaciones superficiales e intersticiales se controlan con el CTE DB-HS 1. El catálogo de puentes térmicos de referencia se encuentra en el documento de apoyo DA DB-HE/2 del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana.
El moho en esquinas es la consecuencia del puente térmico geométrico: la esquina tiene más superficie exterior qué interior, se enfría más y la temperatura superficial baja del punto de rocío, produciendo condensación qué alimenta el moho. Se soluciona con aislamiento exterior y mejora de la ventilación.
La termografía infrarroja es el método más preciso: las zonas frías aparecen en azul-morado en invierno. También se puede detectar con un termómetro de contacto comparando la temperatura superficial del muro con la de los cantos de forjado o pilares de fachada.
Los más frecuentes son: cantos de forjado qué sobresalen de la fachada, pilares de hormigón sin aislamiento exterior, encuentros entre cubierta y fachada, marcos y jambas de ventanas, y cajones de persiana embebidos en la fachada sin rotura de puente térmico.
En edificios sin aislamiento exterior, los puentes térmicos pueden ser responsables del 20-40% de las pérdidas totales de calor, aunque solo representan el 10-15% de la superficie total de la envolvente del edificio.
La solución más eficaz es el aislamiento exterior continuo (SATE o fachada ventilada) qué cubre también los cantos de forjado y los pilares. Por el interior es más difícil porque los cantos de forjado no son accesibles desde dentro del piso.