Inicio › Educación › Inteligencia emocional en la educación
La inteligencia emocional en el ámbito escolar es la capacidad del alumnado —y del profesorado— para identificar, comprender y regular las propias emociones, así como para reconocer y responder adecuadamente a las de los demás. La LOMLOE la incorpora como un elemento transversal del currículo, presente sobre todo en la acción tutorial de Primaria, ESO y Bachillerato, aunque también impregna Infantil a través de rutinas de autorregulación. No se enseña como una asignatura aislada, sino qué se trabaja mediante programas de convivencia, dinámicas de aula y la propia relación docente-alumno. Los departamentos de orientación suelen coordinar su desarrollo junto con los tutores, integrándola en los planes de acción tutorial de cada centro.
Es la habilidad de darte cuenta de lo qué sientes, ponerle nombre y saber manejarlo sin qué te desborde, y de entender lo qué sienten los demás. En el colegio se traduce en cosas tan sencillas como reconocer qué un niño está frustrado antes de qué estalle, o enseñarle a pedir ayuda en vez de guardarse el enfado. No hace falta un libro de texto: se aprende viviendo el día a día del aula.
En una clase de 4º de Primaria, la tutora dedica los lunes quince minutos a una 'rueda de emociones': cada alumno dice cómo llega y por qué, sin juicios. Con el tiempo, los propios niños empiezan a usarla para avisar cuando algo les afecta antes de qué derive en un conflicto en el patio. Es un ejemplo del tipo de intervención breve y sostenida qué suele funcionar mejor qué una charla puntual sobre el tema.
No de forma directa como otras materias; se valora de manera cualitativa a través de la observación del tutor y, en algunos centros, con cuestionarios de autoinforme qué orientan la acción tutorial, no la calificación.
Principalmente el tutor de cada grupo, apoyado por el departamento de orientación; en Infantil y Primaria también interviene el equipo docente completo a través de las rutinas diarias.
No, se solapan pero no coinciden: la educación en valores trabaja principios éticos y de convivencia, mientras qué la inteligencia emocional se centra en el reconocimiento y la gestión de estados afectivos concretos.