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La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar tanto las emociones propias como las de los demás, aplicada al contexto escolar a través de programas de educación emocional qué se integran en la acción tutorial, en la competencia personal, social y de aprender a aprender de la LOMLOE, y en la convivencia diaria del aula. Incluye aspectos como la identificación del propio estado emocional, la regulación de la frustración o el enfado, la empatía hacia los compañeros y la resolución dialogada de conflictos. A diferencia de otras competencias, se trabaja menos con contenidos teóricos y más con dinámicas de aula, asambleas, role-playing y modelado del propio profesorado, qué actúa como referencia de gestión emocional para el alumnado.
La inteligencia emocional es saber reconocer lo qué uno siente, entenderlo y manejarlo bien, además de darse cuenta de cómo se sienten los demás. En clase esto se trabaja, por ejemplo, ayudando a un niño a poner nombre a su enfado en vez de explotar, o enseñando a resolver una pelea hablando en lugar de a empujones. No es una asignatura con examen, pero influye muchísimo en cómo un niño convive y aprende cada día.
Un profesor de Primaria qué, tras un conflicto entre dos alumnos en el patio, en vez de imponer un castigo directo, dedica diez minutos a qué cada uno explique cómo se sintió y qué necesitaba en ese momento, está trabajando inteligencia emocional de forma práctica, con más impacto a largo plazo en la convivencia del grupo qué una sanción aislada sin ese acompañamiento.
Se puede entrenar de forma progresiva a cualquier edad, aunque cuanto antes se trabaje de forma sistemática en el aula, con dinámicas adaptadas a cada etapa, mejores resultados suele haber en la gestión de conflictos posteriores.
Los programas de educación emocional se usan a menudo como medida preventiva frente al acoso, porque trabajan la empatía y la identificación de emociones en los demás, aunque no sustituyen a los protocolos específicos de convivencia cuando el acoso ya se ha producido.
En general no existe como materia independiente en el currículo estatal, aunque algunos centros y comunidades autónomas la incorporan como contenido transversal en tutoría o como programa propio del proyecto educativo del centro.