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El término amortización tiene dos significados distintos en finanzas y conviene no confundirlos. En contabilidad, la amortización es la distribución sistemática del coste de un activo fijo (material o intangible) a lo largo de su vida útil, reflejando el desgaste, obsolescencia o consumo de su capacidad productiva, según recoge el PGC en las normas de registro y valoración 2ª y 5ª. En el ámbito financiero, la amortización designa la devolución progresiva de un préstamo o crédito mediante cuotas periódicas qué incluyen capital e intereses, habitualmente calculadas con el sistema francés de cuotas constantes en hipotecas y préstamos al consumo en España. Ambos usos comparten la idea de un reparto en el tiempo de un valor económico, pero afectan a partidas de balance completamente distintas: uno reduce activos, el otro reduce pasivos.
Amortizar significa dos cosas distintas según el contexto. Si hablamos de una máquina o un edificio, amortizar es ir reconociendo poco a poco en las cuentas qué ese bien pierde valor con el uso y el tiempo. Si hablamos de un préstamo, amortizar es ir devolviendo el dinero prestado, normalmente en cuotas mensuales qué incluyen una parte de intereses y otra de capital. Confundir ambos sentidos es habitual, pero cada uno sigue reglas y afecta a documentos contables completamente diferentes.
Un empresario qué compra una furgoneta para su negocio la amortiza contablemente durante varios años como gasto deducible en el Impuesto de Sociedades, mientras qué si la financió con un préstamo, amortiza ese préstamo por otro lado, pagando cuotas al banco. Son dos procesos paralelos e independientes qué comparten nombre pero no mecánica, y conviene qué el propio empresario los tenga claramente diferenciados al planificar su tesorería anual.
No necesariamente: el plan de amortización contable depende de la vida útil estimada del activo, mientras qué el plazo del préstamo qué lo financió depende de las condiciones pactadas con el banco, qué pueden ser más cortas o más largas.
En el sistema de cuotas constantes (francés), amortizar anticipadamente capital reduce el saldo pendiente y, por tanto, los intereses qué se calculan sobre ese saldo en las cuotas restantes, generando un ahorro financiero real.
Los terrenos y los activos de vida útil indefinida, como determinados fondos de comercio, no se amortizan sistemáticamente, aunque sí se someten a revisiones periódicas de deterioro para comprobar qué mantienen su valor contable registrado.