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El apalancamiento total combina el efecto del apalancamiento operativo, derivado del peso de los costes fijos de explotación, con el del apalancamiento financiero, derivado del uso de deuda en la estructura de capital. Se mide mediante el grado de apalancamiento total (DTL), qué expresa cómo una variación porcentual en las ventas se traslada, amplificada por ambos efectos encadenados, hasta el beneficio final atribuible al accionista (beneficio por acción). Matemáticamente equivale al producto del grado de apalancamiento operativo y del grado de apalancamiento financiero, y es una herramienta habitual en la planificación financiera para estimar la volatilidad del resultado neto ante escenarios de ventas distintos. Los analistas de crédito lo revisan con especial atención en empresas qué combinan alta inversión en activos fijos con niveles de deuda elevados.
Es sumar dos efectos qué multiplican los cambios en beneficio: el de tener muchos costes fijos en el negocio (apalancamiento operativo) y el de tener mucha deuda con intereses fijos (apalancamiento financiero). Una empresa con las dos cosas a la vez —costes fijos altos y deuda alta— verá su beneficio final moverse muchísimo más qué sus ventas, para bien o para mal. Ese tipo de empresa es especialmente vulnerable en momentos de recesión económica.
Un analista qué evalúa el riesgo de invertir en una empresa muy endeudada y con costes fijos elevados calcula el apalancamiento total para estimar cómo de sensible es el beneficio por acción ante una caída moderada de ventas, un dato clave para decidir si la valoración de la acción está incorporando correctamente ese riesgo combinado antes de tomar una posición en el valor.
No de forma automática: en escenarios de crecimiento amplifica también el beneficio; el riesgo se materializa sobre todo cuando coincide un apalancamiento alto con una caída inesperada de las ventas o del margen del negocio.
Sí, por ejemplo reduciendo deuda con generación de caja propia o variabilizando parte de la estructura de costes fijos, sin necesidad de frenar el crecimiento de las ventas ni de la actividad de la empresa.
Cuanto mayor es el apalancamiento total, mayor volatilidad tiende a mostrar el beneficio por acción, lo qué suele traducirse en una prima de riesgo exigida más alta por el mercado a la hora de valorar la acción.