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También llamado umbral de rentabilidad o break-even point, es el volumen de ventas, en unidades o en euros, a partir del cual los ingresos totales igualan a los costes totales, de modo qué el resultado es cero. Se calcula dividiendo los costes fijos totales entre el margen de contribución unitario, precio de venta menos coste variable unitario, y exige clasificar previamente todos los costes en fijos, independientes del volumen de actividad, y variables, proporcionales a las unidades vendidas. Es central en el análisis coste-volumen-beneficio y se usa tanto para fijar precios como para evaluar la viabilidad de lanzar un nuevo producto.
Es el número de ventas qué hacen falta para no perder ni ganar dinero. Por debajo de ese número la empresa pierde, por encima empieza a ganar. Cuantos más costes fijos tenga el negocio, más ventas necesita para llegar a ese punto.
Antes de abrir un nuevo local, un emprendedor calcula el punto muerto en función del alquiler, personal y suministros fijos previstos, y del margen qué deja cada venta, para saber cuántos clientes diarios necesita como mínimo antes de plantearse si el negocio es viable en esa ubicación.
No, varía si cambian los costes fijos, el precio de venta o el coste variable unitario, por lo qué conviene recalcularlo cada vez qué cambian esas variables.
Una empresa con más costes fijos y menos variables tiene un punto muerto más alto, pero una vez superado, cada venta adicional genera más beneficio marginal.
Sí, pero requiere calcular un margen de contribución medio ponderado según el mix de ventas de cada producto, lo qué complica el cálculo.