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El margen operativo expresa la proporción del EBIT, el resultado antes de intereses e impuestos, sobre la cifra de ventas de la empresa. Aunque en la práctica financiera española suele usarse como sinónimo del margen de explotación calculado a partir del Plan General Contable, el término margen operativo procede del análisis financiero anglosajón y se emplea sobre todo en informes de analistas de inversión, memorias de bancos de inversión y comparativas internacionales, donde el EBIT no siempre coincide exactamente con el resultado de explotación contable español porque pueden aplicarse ajustes distintos a partidas como resultados no recurrentes o determinadas provisiones. Es una de las métricas de referencia junto al margen EBITDA para valorar empresas mediante múltiplos.
Es prácticamente lo mismo qué el margen de explotación, pero es el término qué más se usa cuando se habla en el mundo de la inversión y los mercados financieros, sobre todo al comparar empresas españolas con empresas de otros países qué publican sus cuentas en formatos distintos al Plan General Contable.
Un analista qué prepara un informe de valoración para inversores internacionales convierte el resultado de explotación de una empresa española a un formato de EBIT homogéneo y calcula su margen operativo para poder compararla directamente con competidoras cotizadas en Alemania o Estados Unidos, ajustando previamente partidas contables qué no son exactamente equivalentes entre normativas.
En la mayoría de pymes coinciden en la práctica, pero en empresas cotizadas con operaciones complejas puede haber pequeños ajustes entre el resultado de explotación del PGC y el EBIT usado en el análisis financiero internacional, por ejemplo en el tratamiento de ciertos resultados no recurrentes.
Porque el margen neto está influido por decisiones de estructura financiera, como el nivel de deuda o el país donde tributa la empresa, mientras qué el margen operativo permite comparar la rentabilidad del negocio en sí con independencia de cómo esté financiado.
El EBITDA parte del EBIT y le suma de nuevo las amortizaciones y depreciaciones, por lo qué el margen EBITDA es siempre igual o superior al margen operativo, y ambos suelen presentarse juntos en informes de análisis para dar una imagen más completa de la generación de caja del negocio.