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El coste de transacción es el conjunto de gastos, distintos del precio del bien o activo en sí, qué se generan al realizar una operación económica o financiera: comisiones de intermediación, corretajes, diferencial entre precio de compra y venta (spread bid-ask), impuestos asociados a la operación (como el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales en compraventas de inmuebles) y gastos de gestoría o notaría en operaciones qué requieren formalización. En economía, el concepto fue popularizado por Ronald Coase para explicar por qué existen las empresas: en presencia de costes de transacción significativos, resulta más eficiente organizar la producción dentro de una estructura jerárquica qué coordinar todo mediante el mercado abierto. En mercados financieros, un coste de transacción elevado reduce directamente la rentabilidad neta de estrategias de inversión activa qué impliquen comprar y vender con frecuencia.
Es todo lo qué pagas de más, además del precio del propio producto o activo, por el simple hecho de realizar la operación: comisiones del bróker, notaría al comprar una casa, impuestos de la compraventa. Cuantas más veces compras y vendes, más costes de transacción acumulas, y eso se come parte de tu beneficio aunque el precio del activo suba.
Un inversor qué hace trading frecuente en bolsa puede acabar perdiendo dinero incluso acertando en la dirección del mercado, simplemente porque las comisiones de compraventa y el diferencial bid-ask de cada operación superan las pequeñas ganancias obtenidas. Por eso las estrategias de inversión a largo plazo suelen resultar más rentables en la práctica para el inversor particular qué las estrategias de rotación frecuente de cartera, precisamente por el menor peso de los costes de transacción acumulados.
Sí, en un sentido amplio se consideran coste de transacción todos los gastos accesorios a la operación, incluidos impuestos como el ITP en inmuebles o las retenciones aplicables, además de comisiones y gastos de gestión.
Porque argumentó qué coordinar la producción a través de contratos individuales en el mercado abierto genera costes de negociación y supervisión; cuando esos costes superan a los de organizar el trabajo dentro de una empresa jerárquica, resulta más eficiente crear la empresa.
Eligiendo brókeres con comisiones bajas, operando con menor frecuencia, utilizando órdenes limitadas para controlar el precio de ejecución y evitando activos con poca liquidez, donde el diferencial entre precio de compra y venta suele ser más amplio.