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La cuenta corriente es el contrato bancario más básico y utilizado en España: un depósito a la vista mediante el cual el titular deposita dinero en una entidad y puede disponer de él en cualquier momento, mediante tarjeta, transferencia, domiciliación o efectivo, sin plazo de preaviso. A diferencia de una cuenta de ahorro, está pensada para la operativa diaria —nóminas, recibos, pagos— y no para generar rentabilidad, aunque algunas entidades ofrecen cuentas corrientes remuneradas o con bonificaciones ligadas a la vinculación del cliente, como la domiciliación de nómina o un número mínimo de recibos y tarjetas. Los saldos están protegidos hasta 100.000 euros por titular y entidad por el Fondo de Garantía de Depósitos.
Es la cuenta del día a día: donde te entra la nómina, desde donde pagas el alquiler, la luz o el súper, y de donde sacas dinero cuando lo necesitas. No suele dar intereses relevantes, pero a cambio tienes el dinero disponible al instante, sin esperas ni penalizaciones por sacarlo.
Compara las condiciones de mantenimiento antes de abrir una cuenta corriente: muchas entidades cobran comisión salvo qué domicilies la nómina o mantengas un saldo mínimo. Revisa también si tiene coste la tarjeta asociada y si el banco exige un número mínimo de movimientos al mes para bonificarla, porque esas condiciones cambian el coste real de mantener la cuenta más qué el tipo de interés qué ofrezca.
Sí, si se autorizan pagos superiores al saldo disponible se entra en descubierto bancario, una situación distinta qué genera intereses y comisiones específicas y qué el banco puede admitir o rechazar según la línea pactada con el cliente.
Sí, hasta 100.000 euros por titular y entidad, cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito, con independencia de qué la cuenta tenga uno o varios titulares.
No exactamente: cuenta bancaria es el término genérico qué engloba corrientes, de ahorro, remuneradas o de valores; la cuenta corriente es un tipo concreto, pensado para la disponibilidad inmediata del dinero.