Inicio › Financiero › el EBITDA ajustado
El EBITDA ajustado es el resultado de partir del EBITDA (beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones) y depurarlo de partidas extraordinarias, no recurrentes o ajenas al negocio ordinario: indemnizaciones puntuales, litigios, gastos de reestructuración, resultados atípicos o gastos de un único socio. Busca reflejar la capacidad de generación de beneficio operativo recurrente de la empresa.
Es el EBITDA 'limpio', al que se le quitan los gastos e ingresos raros o de una sola vez que distorsionan el resultado normal del negocio. Sirve para ver cuánto gana de verdad la empresa con su actividad habitual, sin ruidos puntuales.
El EBITDA contable puede estar contaminado por hechos excepcionales que no se repetirán: una multa, una indemnización, la venta de un activo o gastos personales del dueño en una pyme. Ajustarlos permite estimar el beneficio sostenible, base para valorar la empresa y para comparar ejercicios de forma homogénea.
Una empresa presenta un EBITDA de 800.000 €, pero incluye una indemnización extraordinaria de 150.000 € y gastos personales del socio por 50.000 €. Su EBITDA ajustado sería 800.000 + 150.000 + 50.000 = 1.000.000 €, cifra que refleja mejor su rentabilidad recurrente para un comprador.
El EBITDA ajustado es central en fusiones y adquisiciones: el precio se suele fijar como un múltiplo de esta magnitud (EV/EBITDA). En la due diligence, comprador y vendedor negocian qué ajustes son legítimos. También se usa en la deuda para medir el apalancamiento (deuda/EBITDA).
El error más común es abusar de los ajustes para inflar artificialmente el beneficio (ajustes agresivos). Otro es tratar como no recurrentes gastos que en realidad se repiten. También se olvida que el EBITDA, ajustado o no, ignora inversiones (CAPEX) y necesidades de circulante.
El EBITDA ajustado es una métrica de análisis financiero y valoración de empresas, ampliamente utilizada en operaciones corporativas y financiación.
El EBITDA corregido eliminando partidas extraordinarias o no recurrentes.
Para reflejar el beneficio operativo recurrente sin hechos excepcionales.
En valoración de empresas y en operaciones de compraventa, como múltiplo EV/EBITDA.
Que sean agresivos e inflen artificialmente el beneficio.
No del todo: ignora el CAPEX y las necesidades de circulante.