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El free float, o capital flotante, es la proporción de las acciones en circulación de una empresa cotizada qué está efectivamente disponible para negociarse libremente en el mercado, excluyendo las participaciones estables en manos de accionistas de referencia, fundadores, participaciones cruzadas entre empresas o autocartera qué no suelen entrar y salir del mercado con la operativa diaria. Los principales proveedores de índices bursátiles, incluido el gestor del IBEX 35, exigen un porcentaje mínimo de free float para qué una empresa pueda formar parte del índice, y además ponderan la posición de cada valor dentro del índice en función de su capital flotante y no de su capitalización bursátil total, para reflejar mejor la liquidez real disponible para los inversores.
Es la parte de las acciones de una empresa qué realmente se compra y vende en el mercado, sin contar las qué están "aparcadas" en manos de los fundadores, del Estado o de grandes accionistas qué no tienen intención de venderlas. Cuanto mayor es el free float, más fácil es comprar o vender esas acciones sin mover mucho el precio, y por eso influye en si una empresa puede entrar o mantenerse en índices como el IBEX 35.
Una empresa familiar qué sale a bolsa colocando solo el 25% de su capital en el mercado, manteniendo el 75% restante en manos de la familia fundadora, tiene un free float reducido; eso puede dificultar su entrada en determinados índices bursátiles qué exigen un mínimo de capital flotante, y también implica qué su cotización puede ser más volátil ante órdenes de compra o venta relativamente pequeñas, al haber menos acciones realmente disponibles en el mercado.
Porque el índice pondera cada valor según su capitalización ajustada por capital flotante, no por capitalización total, de modo qué una empresa con mucho capital "cautivo" en manos de accionistas estables pesa menos en el índice de lo qué su tamaño total sugeriría.
Participaciones de accionistas de control o de referencia con vocación de permanencia, autocartera de la propia empresa, participaciones cruzadas entre sociedades del mismo grupo y, en algunos casos, paquetes accionariales estatales.
No necesariamente para la empresa (puede reflejar un accionariado estable y comprometido), pero sí implica menor liquidez para el inversor minorista, con posibles diferenciales de compraventa más amplios y mayor volatilidad ante órdenes de tamaño relevante.