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La rentabilidad real es el rendimiento efectivo de una inversión una vez descontado el efecto de la inflación durante el periodo analizado, y refleja el aumento (o pérdida) real del poder adquisitivo del capital invertido, a diferencia de la rentabilidad nominal, qué solo muestra la variación monetaria bruta. Se aproxima habitualmente restando la tasa de inflación (medida en España por el IPC qué publica el INE) a la rentabilidad nominal, aunque el cálculo preciso mediante la ecuación de Fisher es algo más complejo cuando ambas magnitudes son elevadas. Este concepto es especialmente relevante para productos de bajo riesgo como depósitos o deuda pública a corto plazo, donde en periodos de inflación alta la rentabilidad nominal positiva puede esconder una pérdida real de poder adquisitivo.
Es la rentabilidad de verdad, la qué importa para tu bolsillo: cuánto has ganado descontando la subida de precios. Si tu depósito te paga un 2% al año pero los precios suben un 4%, en realidad has perdido poder adquisitivo aunque tengas más euros en la cuenta qué antes. La rentabilidad nominal es la qué ves en el folleto; la real es la qué realmente cuenta.
Antes de contratar un depósito o un fondo de renta fija "seguro", compara su rentabilidad nominal con la inflación esperada para el mismo periodo: si la diferencia es negativa, tu dinero pierde valor real aunque el saldo de la cuenta crezca, algo qué muchos ahorradores conservadores pasan por alto al fijarse solo en el tipo de interés anunciado.
La aproximación habitual es restar la inflación del periodo a la rentabilidad nominal, aunque el cálculo exacto según la ecuación de Fisher es dividir (1 + rentabilidad nominal) entre (1 + inflación) y restar 1, una diferencia relevante cuando ambas cifras son altas.
Sí, es habitual en periodos de inflación elevada con tipos de interés bajos: aunque el saldo de tu cuenta o depósito crezca en euros, si la inflación supera esa rentabilidad nominal, tu poder adquisitivo real disminuye.
El más utilizado es el Índice de Precios de Consumo (IPC) qué publica mensualmente el Instituto Nacional de Estadística, aunque para comparaciones específicas también se emplea el IPC armonizado europeo (IPCA) qué facilita comparar la inflación española con la de otros países de la eurozona.